Devocionales Cristianos – No Luches Contra Dios 2

 

Continuemos.

Algunas veces en mi vida he cometido el mismo error que cometió Job, exigiendo respuestas de Dios.

Una de esas ocasiones aún me hace sentir avergonzado hoy. Es demasiado personal para relatarla detalladamente, sólo diré que fue algo que yo deseaba que el Señor hiciera por mí, y que yo creía que me hacía mucha falta. Parecía que lo que yo quería estaba de acuerdo con su Palabra, así que me propuse asegurarme de que mi oración fuera contestada. Oré todos los días por semanas, suplicán­dole a Dios que me concediera mi petición, que parecía ser tan insignificante. Verdaderamente, durante ese pe­ríodo de oración me mantuve sobre mi rostro delante de él. Sin embargo, me dijo muy claramente: «¡No!», sin darme ninguna explicación y sin disculparse. Sencilla­mente, me cerró la puerta.

Al principio, me sentí herido, y luego me enojé. Yo sabía más que eso, pero me sentí tentado a decir con sarcasmo: «¿Habría sido mucho problema para ti que hubieras tomado unos momentos de tu día tan ocupado, para oír el clamor de tu siervo?» No dije estas palabras, pero no pude evitar sentirme como me sentía. Me sentía abandonado.

Bueno, pasaron dos años y mis circunstancias cam­biaron radicalmente. El asunto por el que había orado, empezó a verse muy diferente. Filialmente, me di cuen­ta de que habría sido una verdadera desgracia si el Señor me hubiera concedido esa petición. Él me amó lo suficiente como para no darme lo que le había pedido, aun cuando había estado exigiéndole que hiciera las cosas como yo quería.

Otros han vivido para luego arrepentirse de lo que le habían pedido a Dios. Conocí a una jovencita que se enamoró locamente de un Romeo adolescente, y le rogó a Dios que moviera su corazón en la dirección de ella. Su petición fue negada terminantemente. Treinta y cin­co años después, se volvieron a encontrar, y ella se quedó totalmente sorprendida al ver que el maravilloso hombre varonil, que ella recordaba, se había convertido en un individuo de mediana edad, inmotivado, barri­gón e insoportable. Al verlo, se acordó de la oración que había hecho cuando era una jovencita, y dijo en voz muy baja: «¡Gracias, Señor!»

Lo cierto es que la mayoría de nuestras frustraciones espirituales no terminan con nuestras mentes habiendo sido iluminadas, y diciendo: «¡Oh, ahora me doy cuenta de lo que estabas haciendo, Señor!» Sencillamente, tene­mos que archivarlas bajo la clasificación: «Cosas que no entiendo», y dejarlas archivadas. En esa clase de situa­ción, debemos estar agradecidos porque él hace lo que es mejor para nosotros, contradiga o no contradiga nuestros deseos. Incluso un padre razonablemente bue­no, algunas veces dice «no» a las exigencias de su hijo.

Lo que he tratado de decir, aunque de una manera un poco confusa, es que nuestra opinión de Dios es muy pequeña, que nosotros los mortales no podemos ni siquiera imaginarnos la grandeza de su poder y su sabiduría. Él no es simplemente «el hombre que está allá arriba» o «el gran conductor del cielo», o alguna clase de mago que hará a nuestro favor lo que nosotros quere­mos, si decimos las palabras apropiadas.

No nos atre­vamos a empequeñecer a aquel quien el el Soberano sobre todo (1º Crónicas 29:10-13).

Si de veras comprendiéramos la majestad del Señor y la profundidad de su amor hacia nosotros, indudable­mente aceptaríamos esas ocasiones cuando él desafía la lógica y las sensibilidades humanas. En realidad, eso es lo que nosotros debemos hacer. Cuente con que a lo largo del camino tendrá experiencias que le dejarán perplejo. Deles la bienvenida como a sus amigas, como oportunidades para que su fe crezca. Manténgase firme en su fe, recuerde que sin fe no podemos agradar a Dios.

No sucumba ante la «barrera de la traición», que es la herramienta más eficaz de las que Satanás utiliza contra nosotros. En cambio, guarde sus preguntas para el mo­mento cuando podrá tener una larga conversación con el Señor en el otro lado, y después prosiga hacia la meta. Cualquier otro modo de actuar sería imprudente, por­que nuestros brazos son muy cortos para luchar con Dios.

Extracto del libro “Cuando lo que Dios Hace no Tiene Sentido”

Por James Dobson

2 Comentarios

  1. Hola Argelia. ¡¡Bienvenida!! Gracias a vos por compartir. Con respecto a tu pregunta, tenes razón al decir que no es correcto, y tampoco lo es para nosotros. Estas publicidades son aleatorias, no las escogemos nosotros sino que es la empresa Google quien las coloca en la página de acuerdo a los contenidos. Los brujos aprovechan y haciéndose pasar por «religiosos» meten sus propias publicidades. ¿Qué hacemos nosotros? Los bloqueamos y no pueden publicitar más en nuestra web, sin embargo, siempre hay publicidades que se «filtran» como en el caso que mencionas.
    Para que te quedes tranquila, rechazamos todas estas prácticas y no las aceptamos ni queremos en nuestra web.
    Gracias por tu excelente actitud al decírnolos. ¡¡Bendiciones!!!!

  2. Gracias por los devocionales, son de mucha ayuda para seguir adelante en la vida. Una pregunta, ¿ por que aparece en su pagina publicidad de lectura de tarot ? tengo entendido que eso no es correcto a los ojos del Señor.
    Fuera de este detalle, felicidades por su web.

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