Devocionales Cristianos – Sembrar y… ¡Cosechar!

 

Quienes vivimos en las grandes junglas de cemento no estamos habituados con la actividad agrícola y sus pormenores. Sí, conocemos los términos y tenemos una idea – a veces infantil – de lo que se hace en el campo, pero mayormente desconocemos los detalles del interesante proceso que va desde la siembra a la cosecha de los cultivos.

Reflexionaba días atrás sobre un texto que está en el Nuevo Testamento, precisamente en la Carta a los Gálatas, escrita por el famoso apóstol Pablo: “Cada uno cosecha lo que siembra” (Gál.6.7b).

El autor no hace más que reflejar la realidad de una ley biológica, cuyo parangón espiritual es inquietantemente preciso. De esta manera se desprenden algunas enseñanzas que podemos aplicar a nuestra vida cotidiana. Entre ellas, las siguientes:

 

1. Uno siembra cuando desea cosechar.

Nada más simple pero también muchas veces por ello ignorado. Quien desea alcanzar un objetivo primero debe desearlo. O dicho de otra manera: el anhelo debe preceder a la acción, de manera que el enfoque de las fuerzas esté movilizado en forma permanente hacia la siembra correcta.  

 

2. Uno cosecha lo que siembra.

No puedo pretender recoger tomates si siembro frambuesas. No puedo pretender recoger amor si siembro egoísmo, o querer alcanzar el éxito en la actividad que realizo si no me esmero por buscar – por ejemplo – la excelencia.

 

3. El tiempo de la cosecha llega siempre el momento oportuno.

La inmediatez de nuestra vida cotidiana – con todos los beneficios que la “instantaneidad” nos ha traído – puede hacernos pensar que en el ámbito del espíritu, de las relaciones, de los proyectos de vida también es posible lograr todo en forma automática. Pero así como el agricultor sabe que habrá un tiempo determinado entre la siembra de la semilla y la cosecha del fruto, del mismo modo la paciencia debe ocupar el sitio que la ansiedad lucha por tomar, y entonces trabajar, cultivar, hacer lo que esté de nuestra parte confiando en que “a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos” (Gál.6.9).

Piense y medite en esta ley de la Biología que tiene su relación en el mundo espiritual, y aprenda, al confiar en Dios día tras día, el secreto de la siembra y la cosecha.

¡Vivamos una vida al 100 %!

Por Pastor Rubén Kassabián

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