Estudios Cristianos – ¿Por Qué Ayunamos? 1

 

He compilado una lista de nueve razones bíblicas de por qué ayunamos, y no necesariamente son un paralelo de los doce beneficios del ayuno listados en Isaías 58.

1. Ayunamos en Obediencia a la Palabra de Dios.

El ayuno está profundamente incorporado en La Palabra de Dios. Es una herramienta de líderes triunfadores, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Si el registro bíblico nos dice algo, entonces «Los vencedores ayunan y los perdedores no». Aquí tenemos una muestra breve de lo que Dios tiene para decir en cuanto al ayuno, a los creyentes y ministros en particular: «Ahora bien —afirma el Señor—, vuélvanse a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos» (Joel 2:12).

«¿Acaso pueden estar de luto los invitados del novio mientras él está con ellos? Llegará el día en que se les quitará el novio; entonces sí ayunarán» (Mateo 9:15).

 

2. Ayunamos Para Humillarnos Delante de Dios y Para Obtener Su Gracia y Su Poder.

¿Cuán a menudo necesita usted la gracia? Necesita explotar repetidamente el poder de Dios para alcanzar los llamados y la visión que Él ha puesto en su corazón? Todos necesitamos de su continuo poder para vivir diariamente la vida cristiana victoriosa.

Por esta razón, ¿dolería tanto ayunar por lo menos un día por semana para «mantener la limpieza» en su vida? El ayuno nos mantiene honestos. Santiago habló de este punto con mucha claridad: si quiere poder y gracia de Dios, entonces tiene que humillarse: «Humíllense delante del Señor, y él los exaltará» (Santiago 4:10). El Espíritu Santo es llamado el Espíritu de gracia. Si usted quiere el Espíritu de gracia, si quiere la unción, entonces humíllese.

 

3. Ayunamos Para Vencer las Tentaciones en las Áreas que Nos Impiden Movernos en el Poder de Dios.

Si la unción no fluye libremente a través de usted, es una buena señal de que necesita ayunar y orar. Es tiempo de limpiar el canal para que el Espíritu de Dios pueda fluir. Una vez más, volvamos al patrón del gran pionero de nuestra fe, Jesús. Según Lucas capítulo 4, Jesús salió de un desierto de tentación en el poder del Espíritu. Si usted quiere lo mismo, entonces haga lo que Él hizo. Jesús no comió por cuarenta días, y después vino el diablo y lo tentó cuando tenía hambre. Y después que Jesús castigara duramente al diablo, continuó en poder.

 

4. Ayunamos Para Ser Purificados del Pecado, y Para Ayudar a Que Otros Sean Purificados También.

Según La Palabra de Dios, Jesucristo llevó todos los pecados del mundo en la cruz del Calvario. No obstante, muchos de nosotros (sino todos), tenemos que lidiar con pecados «confusos» o pecados «que nos asedian», que parecen aparecer repentinamente una y otra vez. Dios quiere que nosotros no solo derrotemos a estos pecados confusos en nuestras vidas, sino que vamos más allá de nuestras necesidades para interponernos como intercesores a favor de otros.

Si hay un hábito o pecado crónico que continúa apareciendo en su vida, entonces humille su alma en ayuno, y Dios lo purificará. Prepárese, entonces, para el momento en que el Señor le pida que lleve sobre usted (a través de la intercesión) los pecados de otros y combinar su oración intercesora con el ayuno. Los grandes modelos en este tema, son Jesucristo y el profeta Daniel:

«Entonces me puse a orar y a dirigir mis súplicas al Señor mi Dios. Además de orar, ayuné y me vestí de luto y me senté sobre cenizas. Esta fue la oración y confesión que le hice: «Señor, Dios grande y terrible, que cumples tu pacto de fidelidad con los que te aman y obedecen tus mandamientos: Hemos pecado y hecho lo malo; hemos sido malvados y rebeldes; nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus leyes» (Daniel 9:3-5).

Podemos usar este gran modelo de oración para nosotros mismos, para nuestra congregación, para nuestros niños, y aún para nuestra ciudad y nuestra nación. Dice: «Dios, hemos pecado. Nos hemos apartado de tus caminos, oh Dios. Estamos en derrota por causa de nuestros pecados y nuestras transgresiones». Ahora recuerde que el hombre que oró por estas cosas, Daniel, ¡era el hombre más justo de su generación! Este era el hombre que prefería orar antes que escapar de la cueva de leones, pero aun así dijo: «Dios, nosotros hemos pecado».

Muchas veces he hablado este principio con pastores que protestaban diciendo: «¡Usted no entiende! Estamos bien. No estamos mal. Aquí vivimos vidas piadosas».

Yo les digo: ¡Escuchen, ustedes no entienden! ¡Podemos estar bien, pero nuestras ciudades y nuestras naciones se desmoronan! Debemos llevar esta carga sobre nosotros y decir «Dios, hemos pecado, nos hemos vuelto perezosos. Perdónanos y restáuranos».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro «La Potencia Oculta del Ayuno y la Oración»

Por Mahesh Chavda

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