Estudios Cristianos – ¿Por Qué Ayunamos? 3

 

Continuemos.

7. Ayunamos en Tiempos de Crisis.

Los hombres siempre se han vuelto a Dios en ayuno y oración en tiempos de crisis. El libro de Ester registra lo que probablemente fue el tiempo más crítico de la historia de la nación judía. Aun cuando Hitler masacró brutalmente a seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial en un terrible holocausto, miles de judíos todavía sobrevivían en otros lugares del mundo.

¡En el tiempo de Ester, los judíos aún no habían sido dispersados y Aman estaba literalmente al borde de destruir exitosamente a toda la raza judía! El rey de los medos y persas ya había firmado la sentencia de muerte cuando Ester ordenó que los judíos comenzaran un ayuno después de haber arriesgado su vida al entrar en la presencia del rey para obtener misericordia y perdón para su pueblo. «Ester le envió a Mardoqueo esta respuesta: «Ve y reúne a todos los judíos que están en Susa, para que ayunen por mí. Durante tres días no coman ni beban, ni de día ni de noche. Yo, por mi parte, ayunaré con mis doncellas al igual que ustedes. Cuando cumpla con esto, me presentaré ante el rey, por más que vaya en contra de la ley. ¡Y si perezco, que perezca!» (Ester 4:15-16).

En tiempos de crisis, podemos necesitar hacer el ayuno más agresivo de todos y abstenernos totalmente de la comida y del agua. Sin embargo, nunca le aconsejaría hacer eso por más de tres días, a menos que usted esté literalmente en la gloria y la presencia de Dios. Este ayuno de tres días fue el ayuno que Ester pidió que los judíos hicieran. En el fin, Dios cambió esa crisis y trajo liberación a todos los judíos.

En otra ocasión, en 2 Crónicas 20, Judá estaba a punto de ser destruida por los enemigos cuando el rey Josafat puso al pueblo a ayunar. ¡Y Al final presenciaron uno de los hechos más dramáticos de liberación sobrenatural registrados en La Biblia, cuando los ángeles de Dios llegaron y destruyeron a los ejércitos de tres naciones invasoras!

 

8. Ayunamos Para Buscar la Dirección de Dios.

«Luego, estando cerca del río Ahava, proclamé un ayuno para que nos humilláramos ante nuestro Dios y le pidiéramos que nos acompañara durante el camino, a nosotros, a nuestros hijos y nuestras posesiones. En realidad, sentí vergüenza de pedirle al rey que nos enviara un pelotón de caballería para que nos protegiera de los enemigos, ya que le habíamos dicho al rey que la mano de Dios protege a todos los que confían en él, pero que Dios descarga su poder y su ira contra quienes lo abandonan. Así que ayunamos y oramos a nuestro Dios pidiéndole su protección, y él nos escuchó» (Esdras 8:21-23).

Cuando usted necesita la dirección de Dios, cuando está confundido y no sabe por dónde ir, una de las mejores cosas que usted puede hacer, es ayunar. Esto es así, especialmente en la a veces confusa área de las relaciones personales, especialmente para aquellos creyentes que tratan de tomar una decisión con respecto a con quien casarse. El Señor me enseñó este principio del ayuno antes de casarme, ¡y yo ayunaba por mi esposa aun cuando todavía no estaba casado y ni siquiera la conocía! Yo sabía que Dios no me había llamado para vivir solo, y sabía que Dios sabía dónde estaba y quién era ella; así que ayunaba y oraba por ella. Bonnie y yo comparamos notas después y descubrí que en el momento más crítico de su vida, luego que sus padres se divorciaron, ella pasaba por momentos muy fuertes, ¡y yo ayunaba por ella y oraba para que Dios la liberara!

 

9. Ayunamos Por Entendimiento y Por Revelación Divina.

Como creyentes, necesitamos más que dirección. Necesitamos la revelación y la comprensión de ciertos temas, situaciones, y verdades de la Biblia. Allí dice: «Por tanto, ve a la casa del Señor en el día de ayuno, y lee en voz alta ante el pueblo de Jerusalén las palabras del Señor que te he dictado y que escribiste en el rollo. Léeselas también a toda la gente de Judá que haya venido de sus ciudades» (Jeremías 36:6).

A veces la revelación del Señor no necesariamente viene en el tiempo del ayuno, sino más tarde.

Extracto del libro «La Potencia Oculta del Ayuno y la Oración»

Por Mahesh Chavda

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