Estudios Cristianos – El Estado del Hombre Sin Dios 2

 

Continuemos.

2. Está eternamente separado de Dios porque ha nacido en muerte espiritual, a menos que sea regenerado por el poder salvador de Dios. La muerte espiritual también es universal y transmitida de padres a hijos.

3. Es culpable de sus pecados, cada uno de los cuales es tan perverso delante de Dios como el primer pecado de Satanás o el primer pecado de Adán. (Ro.1:18-32, Gál.5:17-21, 1º Jn.1:10).

4. Está bajo pecado (Ro.3:9, 19, Gál.3:22). Esto significa que está esclavizado y gobernado por el pecado. Y por lo tanto, sus méritos humanos, sus esfuerzos y sus buenas obras, no sirven para nada.

El hombre sin Dios sólo sabe pecar. Ante los ojos de Dios no hay nada en él que pueda servirle o alcanzarle para ser salvo.

5. Está bajo el poder de Satanás. Cegados espiritualmente, en muerte y engañados con respecto a la verdadera relación que tienen con él: son sus esclavos. (2º Co.4:3-4, Ef. 2:1-2, Col.1:13, 1º Jn.5:19).

 

La Solución de Dios Para el Problema del Pecado.

La muerte de Cristo fue la solución divina para el problema del pecado. Su muerte fue un juicio completo contra la naturaleza pecaminosa. Él fue nuestro Sustituto, llevando sobre sí mismo la condenación, la pecaminosidad y la muerte que eran nuestras. Su muerte fue completamente a nuestro favor.

En la salvación de Dios, el perdón y la limpieza divina se presentan como actos de justicia: el castigo que merece el pecador cayó sobre Jesús el Sustituto. Y dado que el Sustituto soportó el castigo, Dios aparece como Justo, cuando justifica al no salvo por el sólo hecho de creer en Jesús (Ro.3:24-26). Y también aparece como Justo, cuando perdona al cristiano que peca por el sólo hecho de confesar sus pecados (1º Jn.1:9).

Con respecto al perdón de los pecados Dios no trata a sus hijos de la misma manera que a los pecadores. Su método es diferente para ambos.

 

1. El Método de Dios para Tratar con el Pecado de los No Creyentes.

Para los no creyentes la solución de Dios, por medio de la obra de Cristo, incluye el perdón de los pecados y la justificación.

Mediante el perdón, el pecado y la ofensa contra Dios son cancelados (Col. 2:13-14). El perdón divino alcanza para todos los pecados pasados, presentes y futuros. El pecador ya no es culpado por sus pecados sino que estos son puestos a cuenta de su Sustituto (Cristo).

Mediante la justificación, y por el sólo hecho de creer en Jesús, esa persona es declarada justa, alcanzando una nueva posición delante de Dios (Ro. 3:24-26, 5:1).

La responsabilidad de los no creyentes para alcanzar el perdón y la salvación, es creer en la obra de Cristo.

 

2. El Método de Dios para Tratar con el Pecado de sus Hijos.

En ninguna parte de la Biblia dice que el cristiano tiene que volver a ser justificado después de haber sido justificado por creer en Cristo, pero sí nos dice que él tiene que recibir el perdón de Dios tantas veces como sea necesario según sus pecados cometidos.

El perdón que recibe el cristiano es de carácter familiar. No es perdón para salvación (Col.2:13-14), sino el perdón que se le concede al que ya es miembro de la familia de Dios. La unión con Dios, por medio de Cristo, nunca podrá quebrarse, por lo tanto el perdón del cristiano es para renovar la comunión con el Padre y no para recuperar su salvación, que nunca perdió.

La responsabilidad de los creyentes, para alcanzar el perdón y restaurar la comunión con Dios, es confesar sus pecados y apartarse de ellos (Prov. 28:13).

1º Jn.1:6-7. El cristiano que anda en tinieblas no puede tener comunión con Dios. “Andar en luz” significa que cuando la Luz, que es Dios mismo, penetra en el corazón y muestra lo que está mal, el creyente confiesa su pecado, y al hacerlo, Dios considera que ese pecado queda definitivamente juzgado ante sus ojos. El creyente recibe el perdón de su pecado y es hecho limpio por la sangre de Jesús.

1º Jn.2:1. Jesús es el Abogado del creyente, no su acusador (Ap.12:10). Y es un Abogado justo. Lo que Él hace es presentar una defensa a nuestro favor basada en la evidencia de su propia muerte, y así prueba que Él sufrió el castigo por ese pecado en la cruz. Por lo tanto, el castigo no es aplicado sobre el creyente porque ya fue sufrido en la cruz por Él mismo. Ante tal evidencia la justicia de Dios queda perfectamente satisfecha, el creyente es perdonado y Satanás es avergonzado.

Si pecaste no te condenés ni condenés a otros, solo reconocé el mal hecho. Hablálo con tu líder o pastor y permitíle a Dios que te restaure. Si estás esclavizado por algún pecado buscá ayuda para salir. ¡No luchés solo!

Cuanto más te acerqués a Dios más lejos estarás del pecado. No te desanimés, Jesús no sólo es tu Salvador, Él también es tu Abogado.

Por Edgardo Tosoni

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