la-oracion-efectiva-y-poderosaEstudios Bíblicos – La Oración Efectiva y Poderosa 2

 

Continuemos.

Una Oración de Fe en Acción.

No basta con presentar nuestros planes a Dios. Pensamos: “Bueno, ya le presenté el proyecto, Él verá”. Si usted le presentó su proyecto a Dios, lo siguiente, es tener su fe en acción, hacer cosas que vayan encaminadas a la realización de ese proyecto. Hagamos lo posible porque Dios hace lo imposible.

Ya han pasado tres años y medio sin lluvia. Elías es instado por Dios a volver a orar para que llueva y la Biblia dice que volvió a orar. El secreto de una oración en acción es la perseverancia. Esto es muy importante. Mira Santiago 5:17-18.

Creemos que una “oracioncita” basta, pero en realidad el secreto de una oración en acción es la perseverancia. Elías decidió orar y no dejar de hacerlo hasta que lloviera.
En nuestras vidas a veces necesitamos que escampe o que llueva, somos los que controlamos el clima, a través de la oración. No podemos decirle a Dios lo que debe hacer: “Señor, aquí le traigo esto y hágalo. Si usted no hace nada yo entiendo que usted no quiere”.

Si nuestra petición es un empleo, ahora debemos enviar la hoja de vida. A Elías no le faltó la fe que da vida a los sueños. La inmediatez es la enemiga y la respuesta a la oración no viene del  microondas. Con Dios no es así. Algunas cosas con Él son ya y otras cosas son más allá.

Usted puede Controlar el Clima de su Oración.

Leamos 1º Reyes18:1-2. Observe que han pasado tres años y medio. Elías va donde Acab y este rey no podía creer cómo Dios oía a ese a quien él consideraba un loco y no a él que era el rey porque, a propósito, Elías se vestía muy raro, con piel de camello y comía langostas, comida un tanto extraña. No obstante, a los tres años y medio Dios vuelve a llamar a Elías y lo pone en acción: 1º Reyes18:41.

La tierra se había secado, estaba cuarteada, todo era polvo en ese país, pero Dios tiene una respuesta a través de las oraciones, cuando se pide conforme a su voluntad. Las cosas se dan y Elías no ha terminado de orar, es más, no ha iniciado su oración y ya le ha informado a Acab. Parece decirle: Ahora verás cómo va a llover. Es más, vete a comer a tu casa y a beber porque ya se oye el ruido de la tormenta.

La oración es fe en acción, es hablar como si las cosas ya se hubieran cumplido. Acab se fue a comer y a beber, porque hay personas que tienen el fuego de la oración por un tiempo, por unos meses, quizás por unos años, pero de pronto, frenan en seco y no vuelven a orar. Acab es esa clase de creyente.

A pesar de ser del pueblo de Dios, sólo se dedican a comer y a beber, es decir, comen para vivir y viven para comer, aunque son y están en el pueblo de Dios. Sólo están en el pueblo de Dios para comer y beber, pero nada que ver con lo espiritual. Es más, tuvieron lluvias durante un tiempo, sus graneros y sus ganados se multiplicaron y, en ese momento, bajaron el ritmo de la oración.

Recuerde, lo que usted gana en oración lo tiene que conservar en oración. El diablo espera que Dios lo prospere y cuando usted empieza a bajar la guardia porque está en la abundancia, ataca. Elías controla el clima, Acab vive según el clima. Acab no oró, él tenía gente que oraba por él, como aquellos que buscan a creyentes y les dicen: “Ven y ora por mí”. Evitemos ser esa clase de creyentes. Salgamos de la corriente de Acab que puede ver ocurrir milagros pero no puede provocarlos.

“Acab se fue a comer y a beber pero… (Esta palabra indica “en cambio”), Elías subió a la cumbre del Carmelo, (que significa lugar fructífero) se inclinó hasta el suelo y puso el rostro entre las rodillas” (1º Reyes 18:42). La oración es fe en acción.

El monte Carmelo es un lugar geográfico, pero pensemos en un lugar espiritual. Un lugar espiritual que usted puede tener en la ducha, en su cuarto, en el metro, en el vehículo. Para que usted, al subir a la cumbre de Dios a través de la oración, tenga respuestas fructíferas.

Acab se va a comer y a beber, porque nada de espiritualidad hay en él, Elías, por su oración, sube a la cumbre de Dios y dice que se inclinó hasta el suelo y puso el rostro entre las rodillas.

(CONTINÚA…)

Por John Fredy y Ruth Betancurt

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