El término cristiano nunca tuvo la intención de ser un título ni un rótulo para usar, sino un estilo de vida para seguir, demostrando la naturaleza de la «semejanza con Cristo». En esencia, cristiano suponía ser una descripción de la cultura del Reino, exhibida a través de nuestras vidas. Por ese motivo, los primeros creyentes fueron llamados cristianos por parte de quienes observaban su estilo de vida, su poder, su valentía y su autoridad como la de Cristo.

Bien o mal, la mayoría de los incrédulos tienen una idea definida de lo que para ellos debiera ser un cristiano. Si no somos cuidadosos, podemos identificarnos demasiado fuerte con su título y caer en la trampa de tratar de cumplir con sus expectativas. Deberíamos dejar de intentar tan intensa­mente vivir como cristianos y todas las falsas suposiciones asociadas con el término, y en cambio, trabajar enérgicamente para vivir como hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas de Cristo, y ciudadanos del Reino de los Cielos.

Finalmente, el propósito de Dios era establecer una relación, no una religión. Como dije anteriormente, la religión es la búsqueda del hombre por hallar a Dios y el Reino perdido. El plan y propósito original del Creador era tener una familia de hijos que pudieran relacionarse como un padre con sus hijos. Este plan se hizo evidente desde el principio y se expresa más plenamente en la introducción terrenal del Padre por el mismo Jesucristo. Un cuidadoso repaso del principio establecido en Las Escrituras, el cual es la constitución del Reino, revelará este deseo constante por una relación y comunión personal e íntima que Dios deseaba tener con toda la huma­nidad. Todas sus acciones a lo largo de la historia fueron extensiones de sí mismo a nosotros, ya que Él deseaba habitar con el hombre. Su objetivo final siempre fue restaurar su lugar original con la humanidad. ¿Cuánto más personal alguien puede ser?

Esta es la verdad detrás de la parábola de Jesús del hijo pródigo, en donde un joven toma su herencia antes de tiempo, abandona su hogar y derrocha su fortuna en una vida licenciosa. Más tarde, destituido y hambriento, reduci­do a alimentar los cerdos en un establo, decide regresar a su casa, esperando ser recibido por su padre como un simple sirviente asalariado. A su regreso, no obstante, el padre lo saluda con gran gozo, le abre sus brazos y lo res­taura a su posición legal en la familia (vea Lucas 15:11-24). El padre quería nuevamente a su hijo, no a un sirviente. Esa es también la manera de ser de Dios. Él quiere hijos, no sirvientes o súbditos; Él quiere ciudadanos, no cristianos; y Él quiere relaciones, no religiones.

GOBERNAR EN EL MUNDO VISIBLE DESDE EL PLANO INVISIBLE

La estrategia simple de Dios para establecer y extender su Reino en la Tierra era gobernar el mundo visible desde el mundo invisible del espíritu. El plan determinaba que el hombre sería su representante visible, creado específica­mente para vivir en la dimensión visible para representarlo. Permítame de­cirlo de otro modo: el propósito y la intención original de Dios era gobernar lo que se ve (el mundo visible) a través de lo que no se ve (el mundo invisible). Él lo haría a través de lo invisible (Espíritu de Dios en el hombre), viviendo en lo invisible (el espíritu del hombre) y viviendo en lo visible (el cuerpo físico) en un escenario (la Tierra).

«Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa» (Romanos 1:20).

«Porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autorida­des: todo ha sido creado por medio de él y para él» (Colosenses 1:16).

«Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve» (Hebreos 11:3).

¿Y cómo lo llevaría a cabo? Dios, que es invisible, pondría su Espíritu dentro del espíritu invisible del hombre; un espíritu habitando en un cuerpo visible que vive en una Tierra visible. A través del espíritu del hombre, se abre una ventana del alma para que el hombre pueda comunicarse con el mundo invisible de Dios, y también a través de otra ventana el hombre es capaz de comunicarse mediante su cuerpo con el mundo visible de la hu­manidad. El hombre es creado en una manera tan poderosa y exclusiva, que es exaltado sobre toda la creación de Dios.

Por este medio, Dios podría comunicarse desde la dimensión invisible a través del espíritu invisible del hombre al plano de lo visible, de modo que el mundo visible del hombre pudiera entender su voluntad. Cualquier cosa que Dios deseara que fuera transmitida a lo invisible, entonces se manifes­taría en lo visible en el escenario, de modo que la Tierra pudiera mostrar lo que el cielo estaba pensando.

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

Lee Rey de los Mundos Invisibles y Visibles

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