PRIMERO EL REINO DE DIOS

«El mayor descubrimiento es el descubrimiento de uno mismo”.

¿Qué tan importante es el Reino? Tan importante que nuestras vidas dependen de él, literalmente. Todo lo que somos, lo que vemos y oímos, el aire que respiramos, la comida que come­mos, el agua que bebemos: este mundo físico es nuestro como resultado del Reino de Dios, efectuado por su mano en la creación. El Reino de Dios es el centro de todo. Cada acción y actividad del Padre es motivada por su deseo y pasión de ver su Reino establecido en la Tierra.

¿Qué tan importante para el Cuerpo de Cristo es el mensaje del Reino de Dios? Sinceramente, no tenemos otra cosa que enseñar o predicar. El mensaje del Reino son buenas nuevas y la Iglesia existe para proclamarlas. Si estamos haciendo nuestra tarea lo demás estará centrado en el Reino: cada sermón que prediquemos, cada estudio bíblico que enseñemos, cada ministerio que realicemos, cada actividad que cumplamos, cada servicio de adoración que celebremos.

El Reino de Dios debe ser nuestra mayor prioridad; Jesús no nos dio otra comisión. Cuando dijo: «Vayan y hagan discípulos de todas las nacio­nes» (Mateo 28:19), Él nos estaba ordenando proclamar el Reino de Dios a un mundo que no lo conocía. A pesar de que el hombre está muy familia­rizado con el mundo, es esencialmente ignorante acerca del Reino de Dios. La gente de cada nación necesita saber que el Reino de Dios ha venido a la Tierra, y que la fe en Jesucristo como Salvador y Señor es la manera de entrar en él.

LOS MUNDOS VISIBLES E INVISIBLES

Todos vivimos en dos mundos: uno visible y físico, que comprende nues­tros cincos sentidos, y uno invisible y espiritual, que va más allá de lo que vemos, sentimos, tocamos, olemos y escuchamos en lo natural. Muchas personas desprecian el mundo espiritual como si se tratara de superstición. Otros reconocen la existencia de lo espiritual, pero consideran que tiene poca o ninguna influencia sobre sus vidas, o que es una dimensión para ser manipulada para su propio beneficio.

En verdad, el mundo espiritual es más real que el natural. Primero que nada, el reino espiritual es mayor que el físico y, segundo, es el plano desde el cual este se originó. Todas las cosas fueron creadas a partir de la mente de un poderoso Hacedor. Lo que Él imaginó y planeó en su mente, lo dio a luz por el poder de La Palabra.

«…porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o au­toridades: todo ha sido creado por medio de él y para él»(Colosenses 1:16)

Por lo tanto, el mundo físico es un reflejo del mundo espiritual del cual provino. Lo que vemos en el mundo físico tiene una realidad correspon­diente mayor en el mundo espiritual. En su segunda carta a la iglesia en Corinto, el apóstol Pablo se refirió a esta dualidad de mundos en su esfuerzo por alentar a sus lectores a ver más allá de sus problemas temporarios actuales, para lograr ver el cuadro completo que hay por delante:

«Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una glo­ria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno»(2 Corintios 4:16-18)

Como es eterno, el mundo espiritual es más real que el visible, el cual es solo temporal. El propósito original de Dios al crear el mundo visible fue el de establecer su Reino invisible en ese mundo visible, para manifestar lo espiritual en lo físico. Su plan para lograrlo requería de hijos que pudieran habitar en cuerpos físicos visibles. Por esta razón, Él creó al hombre a su imagen y semejanza. Lo creó espíritu, alma y cuerpo, con la capacidad de comunicarse con ambos mundos, el del espíritu y el físico.

CREADOS PARA SER REYES EN EL MUNDO DE DIOS

Dios nos creó como «hombres» espirituales, nos depositó en cuerpos físi­cos, algunos femeninos y otros masculinos, nos ubicó en el mundo físico y visible que Él había creado y dijo: «Gobiernen esto por mí». De este modo, planeó para nosotros que gobernemos y ejerzamos control sobre la Tierra en su nombre. A través de nosotros, su gobierno del Reino celestial sería extendido a la Tierra.

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

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