La única responsabilidad que tenemos como embajadores de Cristo es ase­gurarnos de estar conectados con nuestro Rey de un modo tal que podamos saber y entender lo que Él dice, y luego hablar y actuar consecuentemente. Aquí es donde la presión es quitada. No somos responsables de establecer políticas; solo somos responsables por llevar a cabo aquellas que el Rey ha establecido. No es nuestra tarea decidir qué creemos y qué pensamos. Nues­tro trabajo es saber y discernir lo que nuestro Rey piensa y luego entrar en acuerdo con Él.

Toda vez que alguien nos tiente o desafíe a adoptar una posición con­traria a la de la voluntad de nuestro Rey, todo lo que tenemos que hacer es respaldarnos en lo que Él dijo. Alguien puede preguntarnos: «¿Qué tiene de malo que un hombre y una mujer vivan juntos sin estar casados? ¿Qué hay de malo con el sexo fuera del matrimonio? Este es un tiempo nuevo, y nece­sitamos actualizarnos». En respuesta podemos simplemente decir: «Bueno, la posición de mi gobierno (mi Rey) es que eso es pecado». No hay debate, discusión ni ambigüedad. Simplemente aos respaldamos en La Palabra de Dios y dejamos que la responsabilidad descanse allí.

Siempre y cuando nos concentremos en los intereses de nuestro Rey y en representarlo fielmente, Él cuidará de nosotros. Eso es lo que ha prometido hacer, y sus promesas nunca fallan. Jesús les dijo a sus discípulos: «Así que no se preocupen diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿Qué bebere­mos?’ o ‘¿Con qué nos vestiremos?’ Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas» (Mateo 6:31-34). 

APOYO PROCEDENTE DEL LUGAR DE ORIGEN

No deberíamos focalizarnos en otras cosas, sino que nuestra concentración debería estar exclusivamente en la voluntad de Dios y la venida de su Rei­no, aun en nuestras oraciones. El gobierno de su país de origen le provee al embajador todo lo que necesita para vivir y realizar su función oficial: oficina, casa, automóvil, recursos, fondos, etc. Del mismo modo, mientras buscamos el Reino de Dios y su justicia, Él suplirá 1 para el diario vivir y para cumplir su voluntad. Si nos disponemos a manejar los asuntos del Rey, Él se ocupará de los nuestros. Es una relación de fe, confianza y obediencia, que nos permite ejercer la autoridad y el poder en su nombre. Una fe así proviene de un entendimiento creciente de nuestra posición como embajadores de Cristo.

La misión de Jesús fue reintroducir el Reino de Dios a la Tierra. Predicó sobre él y demostró su realidad y poder mediante las señales y maravillas que realizó. Completó su misión por su muerte en la cruz, ofreciendo su sangre como un poder limpiador para remover la influencia y los efectos del pecado en nuestras vidas. Esta limpieza nos prepara para recibir el Espíritu Santo y conectarnos al Reino de Dios. Como sus embajadores, se nos ha confiado la proclamación del mensaje del Reino a todas las naciones. La Iglesia ha experimentado una mezcla de éxito y fracaso en su misión para con el mundo, porque desafortunadamente hemos creado mucha confusión con nuestro mensaje. A fin de que la Iglesia cambie al mundo eficazmente, ella debe clarificar su mensaje y abocarse a una predicación renovada del evangelio del Reino.

Principios

1. El propósito de Jesús era doble: proclamar la llegada del Reino de Dios y, a través de su sangre, proveer entrada al Reino para todos los que vinieran.

2. La misión de Jesús era reintroducir el Reino.

3. Nacer de nuevo es la forma de entrar al Reino -y el primer paso necesa­rio-, pero el evangelio del Reino abarca mucho más.

4. El Reino de los cielos es una jurisdicción sobre la cual la influencia de Dios tiene plena autoridad.

5. Como embajadores de Cristo, representamos el gobierno del Reino de Dios.

6. La venida de Jesús inauguró el período del Reino de los cielos en la Tierra.

7. La misión final de Jesús era hacer volver al Espíritu Santo a nosotros.

8. Como ciudadanos de un nuevo orden espiritual, somos mayores que aquellos hombres y mujeres del Antiguo Testamento que nos precedie­ron, no por causa de ningún mérito personal, sino por la morada del Espíritu dentro de nosotros, la cual ellos no conocieron.

9. El Reino de los cielos está avanzando con violencia, y los ciudadanos de ese Reino son parte de esa «fuerza de avance» que está asaltando las fortalezas del enemigo.

10. Nuestro Reino no huye ni se retira; nuestro Reino permanece firme, avanza y arrolla.

11. Como embajadores de Cristo, deberíamos preocuparnos solamente de los intereses de nuestro Rey.

12. Siempre que nos concentremos en los intereses de nuestro Rey y en re­presentarlo fielmente, Él se ocupará de nuestros intereses.

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

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