Adán y Eva pecaron al desobedecer a Dios y, por su acción, se excluyeron a sí mismos (así como también a todas las futuras generaciones de seres hu­manos) de su Reino. La primera figura bíblica significativa después de Adán y Eva fue Noé, un justo que creía en Dios y lo seguía. Él y su familia sobrevi­vieron al diluvio a bordo de un arca. Luego de eso, no obstante, Noé plantó una viña y se emborrachó. Eventualmente, sus hijos siguieron sus propios caminos y se olvidaron de Dios. Sus descendientes cayeron en idolatría y otras clases de maldad. El tiempo ya no era propicio para el Reino.

Diez generaciones luego de Noé, Dios le habló a Abram, un descendiente del hijo de Noé, Sem. Dios se reveló a sí mismo a Abraham e hizo un pacto con él de que lo haría ser una gran nación. De Abraham vino Isaac, el hijo nacido en la vejez. Todavía Dios no tenía un modelo del Reino.

Isaac tuvo dos hijos, Esaú y Jacob. Dios se le apareció a Jacob y le dijo: «Haré de ti una gran nación. Tu nombre será ahora Israel». Israel tuvo doce hijos, que fueron los padres de las doce tribus de la nación de Israel. Dios se estaba encaminando hacia su modelo. A través de Moisés, Él liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, los llevó al desierto y les dijo: «Ustedes serán mi pueblo, y yo seré su Dios. Los guiaré a la tierra que les prometí a sus padres». En otras palabras, Él estaba diciendo: «Yo seré su Rey, y ustedes serán mi Reino».

Luego de un tiempo, sin embargo, el pueblo de Israel se cansó de un Dios al que no podían ver y desearon tener un rey al que sí pudieran ver. Dios nunca deseó que ellos tuvieran un rey terrenal. Ese no era el modelo apropiado que Él estaba buscando. De todos modos, les concedió su deseo e instruyó al profeta Samuel que ungiera a Saúl como rey de Israel. Como la nación rechazó a Dios y prefirió un rey terrenal, el tiempo todavía no era preciso para que el Reino de los cielos fuera revelado.

UNA LARGA SUCESIÓN DE REYES

Luego de haber tenido un comienzo prometedor, Saúl desobedeció a Dios al punto en el que Él lo desechó como rey. Entonces Dios escogió a David, un hombre conforme a su corazón, para que sea rey en lugar de Saúl. David fue un buen rey y un poderoso guerrero que amaba a Dios. También fue un poeta y adorador, cuyas canciones comprenden el núcleo del libro más largo de toda La Biblia: los Salmos. David fue el primero en combinar informal­mente las funciones de sacerdote y rey. Él adoraba y componía canciones, pero también administraba el gobierno sabia y eficazmente. Un modelo del Reino de Dios estaba comenzando a emerger.

Pero luego, David desilusionó a Dios al cometer adulterio con Betsabé y empeoró su pecado al tratar de encubrirlo. Él se las arregló para hacer que mataran al esposo de Betsabé, Urías. Desde ese momento y hasta el final de su vida, los problemas secundaron los pasos de David. Luego de la muerte de Salomón, el hijo más sabio y capaz de David y su sucesor, el reino que ellos habían edificado se separó, mientras que diez tribus se rebelaron con­tra la casa de David, las dos restantes permanecieron fieles a ella. El tiempo todavía no era favorable para que el Reino de los cielos fuera mostrado.

Siguiendo una larga sucesión de reyes, la mayoría de los cuales rechaza­ron a Dios y sirvieron a los ídolos, primero el reino del norte, Israel, y luego el reino del sur, Judá, cayeron en manos de conquistadores. El reino del norte fue absorbido por el imperio asirio y desapareció. El reino de Judá fue conquistado por los babilonios, y lo mejor de su gente fue llevado al exilio por setenta años.

Daniel, uno de los exiliados y un oficial en el gobierno babilónico, re­cibió una visión poderosa de Dios que le mostraba que el Reino no esta­ba muerto y olvidado. Dios aún estaba trabajando en vías de su modelo, preparándolo para «la plenitud de los tiempos», cuando su Hijo vendría y revelaría el Reino. Daniel habló de un «Hijo del Hombre» que haría grandes cosas. Muchos años más tarde, Jesús se referiría a sí mismo como el Hijo del Hombre, su manera preferida de designarse.

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

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