SI DESEAS SER BIEN SERVIDO, ENTONCES SIRVE BIEN A LOS DEMÁS

El Reino de Dios es el único Reino en el que cada ciudadano es nom­brado rey. Su reinado no es sobre la gente, sino sobre un área especí­fica relacionada con sus dones. Por esta razón, a Jesús se le llama el Rey de reyes y Señor de los señores. Nosotros somos reyes que servimos al mundo con nuestro don dado por Dios. Nuestro servicio nos convierte en líderes. Eso es lo que Jesús quiso expresar al decir: «El mayor de ustedes será el que sirve». El Reino funciona sobre la base de un liderazgo de servicio.

Una vez que hemos pasado por la puerta, no hay nada más vital para nuestro crecimiento espiritual que comprender la naturaleza del Reino del cual ahora somos ciudadanos.

Nuestros corazones deberían reflejar el corazón de Cristo, y nuestra mente, Su mente. Todo lo que Dios dice y hace se relaciona con su Reino. Por eso, es tan importante que entendamos su naturaleza. Si queremos ser fieles hijos del Rey y estar preparados para reinar sobre el dominio que Él nos ha entregado, debemos conocer su corazón y cómo gobernar en su nombre.

Nuestra cultura se está desintegrando a nuestro alrededor. La gente está viviendo en un estado de desesperación. Todo lo que tenemos que hacer es leer los periódicos o escuchar los noticieros cualquier día de la semana para darnos cuenta de que la vida diaria en el mundo en que vivimos está llena de incertidumbre e inestabilidad. Guerras, hambre, pobreza, igno­rancia, limpieza étnica, odios y prejuicios de antaño, bombardeos suicidas, terrorismo, sida y otras aflicciones, e inestabilidad económica con amplias fluctuaciones en el mercado de valores son factores que nos muestran a las claras que nuestro mundo es un lugar aterrador y poco confiable. Ya que el reino de este mundo es temporal y un día pasará, no tiene nada con carac­terísticas duraderas en las cuales podamos depositar confianza alguna.

Millones de personas mueren a diario a causa de enfermedades, hambre o violencia. El mercado de valores colapsa, y los que eran millonarios un día son pobres al día siguiente. Las corporaciones se reducen, y miles de empleados quedan desocupados de repente. El desempleo extendido produce un vacío financiero que acaba en desalojos, lo cual incrementa la cantidad de personas en la calle, sin hogar, y que terminan siendo una carga para el estado. El odio religioso entre musulmanes, cristianos y judíos alimenta el conflicto a diario en muchas partes del mundo, particularmente en el Medio Oriente.

UN REINO QUE NO PUEDE SER VOLTEADO

¿Hay alguna buena noticia en medio de todo esto? Sí, por cierto la hay. Para aquellos que vivimos y caminamos en el Reino de Dios, cada día puede ser un buen día, a pesar de las circunstancias del mundo. No importa cuánta turbación y confusión nos rodee en el mundo físico, el Reino de Dios es es­table. No puede ser movido. Los gobiernos de este mundo se sacuden y no son confiables, la economía mundial es impredecible. El gobierno de Dios, en cambio, está firmemente establecido desde la eternidad pasada y estará en su lugar a través de la eternidad futura; es seguro, fuerte e inconmovible. A diferencia de los gobiernos de este mundo, el Reino de Dios está fundado en principios eternos que nunca se desvanecerán ni desaparecerán. El hombre ha tratado de muchas maneras de aliviar el temor, dolor y sufrimiento que caracteriza a la vida humana sobre la Tierra. Una de ellas es a través de la religión, la cual no ha resultado más exitosa que las otras formas porque es un producto de la invención y el diseño humano. La religión es el intento del hombre por descubrir a Dios y hallar las soluciones a sus propios problemas.

Por esa razón, Dios no nos envió una religión. En cambio, Él nos envió su Reino, eterno e inconmovible. El Reino de Dios vino a la Tierra a través de la persona de su Hijo Jesucristo, que era su heraldo, así como también su puerta de entrada. Cristo no vino a iniciar una religión o una organización religiosa. Jesús predicó sobre el Reino, pero la Iglesia predica de muchas otras cosas en vez de predicar sobre el Reino.

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

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