EL ÚLTIMO REINO

De todos modos esta futura sucesión de reinos terrenales no es el punto principal del enfoque de Daniel sobre la interpretación del sueño del rey. Otro reino viene simbolizado mediante una roca, un reino que despedazará a todos los demás, un reino que crecerá hasta abarcar toda la Tierra y durará para siempre. ¿Cuál es este reino que Daniel anticipó en su visión profética? Este reino eterno final, este reino de la «piedra», es el Reino de Dios que sería lanzado en la venida de Cristo y eventualmente reinaría de manera absoluta y sin oposición.

Cuando Jesús vino a la Tierra, habló sobre la piedra. Un día les preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» (Mateo 16:13). Luego de la respuesta de ellos, se tornó más personal todavía:

«-Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? -Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente -afirmó Simón Pedro. -Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás -le dijo Jesús-, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo. Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella»(Mateo 16:15-18)

Jesús estaba empleando un juego de palabras aquí. El nombre «Pedro», o petros, en griego significa «piedra», como una roca pequeña. Cuando Jesús dijo «piedra», sin embargo, Él usó la palabra perra, que se refiere a un gran canto rodado. Jesús mismo era la «piedra» sobre la que se edificaría su Igle­sia. Él mismo era la roca en el sueño de Nabucodonosor que destrozaba a todos los reinos de la Tierra hasta convertirlos en polvo. Suyo es el Reino no hecho con manos humanas y que durará por la eternidad.

EL CARACTER DEL REINO

El capítulo 7 del libro de Daniel relata un sueño y una visión que vino a Daniel y que revela el carácter y la asombrosa majestad del Reino de Dios. Daniel vio una procesión de cuatro bestias aterradoras que se levantaban desde el mar. La primera era «como un león» con «alas de águila». Las alas le eran arrancadas, y la bestia se paraba sobre sus dos pies y le era entregado el «corazón de un hombre» (vea Daniel 7:4). Después venía una criatura que parecía ser un oso. Siguiendo a esta, la próxima era un leopardo, excepto porque tenía cuatro cabezas y cuatro alas como de ave en su espalda. La cuarta bestia era las más horrible de toe que «aplastaba y devoraba a sus víctimas” y diez cuernos. Mientras Daniel miraba, tres de los cuernos fueron arrancad pequeño, el cual «tenía ojos como los ojos de un hablaba insolencias» (Daniel 7:8).

Estas cuatro bestias -y la cuarta bestia en particular- representan las fuerzas demoníacas y satánicas que yacen detrás del poder, la maldad y la corrupción de muchos de los reinos del mundo. Tan aterradores como pa­recen, la próxima escena en el sueño de Daniel los pone en la perspectiva correcta. Lo que sigue nos asegura la derrota certera de Satanás y el triunfo absoluto del Reino de Dios.

«Mientras yo observaba esto, se colocaron unos tronos, y tomó asiento un venerable Anciano. Su ropa era blanca como la nieve, y su cabello, blanco como la lana. Su trono con sus ruedas centelleaban como el fuego. De su presencia brotaba un torrente de fuego. Miles y millares le servían, centenares de miles lo atendían. Al iniciarse el juicio, los libros fueron abiertos. Yo me quedé mirando por causa de las grandes insolencias que profería el cuerno. Seguí mirando hasta que a esta bestia la mataron, la descuartizaron y echaron los pedazos al fuego ardiente. A las otras bestias les quitaron el poder, aunque las dejaron vivir por algún tiempo. En esa visión nocturna, vi que alguien con aspecto humano venía entre las nubes del cielo. Se acercó al venerable Anciano y fue llevado a su presencia, y se le dio autoridad, poder y majestad. ¡Todos los pueblos, naciones y lenguas lo adoraron! ¡Su dominio es un dominio eterno, que no pasará, y su reino jamás será destruido!» (Daniel 7:9-14)

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

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