EL REY DE REYES Y EL REINO

Pasaje Clave: Daniel 7:9-14.

Qué magnífica escena es esta, que revela al Rey de los cielos en toda su glo­ria, esplendor y majestad. Daniel puso a prueba su vocabulario, ya que tra­taba de hallar palabras para describir lo indescriptible. El «Anciano de días», en los versículos 9 al 13, se refiere a Dios el Padre, eterno, sin comienzo ni final. Sus vestiduras blancas hablan de su pureza y santidad, mientras que el blanco de su cabello sugiere la sabiduría de los siglos. Las llamas abrasa­doras y el río de fuego también simbolizan la pureza y santidad de Dios, así como también su majestad y poder.

El Anciano de días tomó asiento en medio de los tronos; había miles de ellos. Los tronos son para los gobernantes, y esos tronos eran los asientos de autoridad de los ciudadanos reales del Reino, es decir, la corte real. Daniel vio muchos reyes hasta que entró el Rey de los reyes, y toda la atención estuvo centrada en Él. Miles lo servían, algo apropiado para un gran Rey. Estos versículos dan a entender que aquellos que ocupaban los tronos alre­dedor de Rey estaban también entre los que lo servían. Esta era una escena diferente a todo lo visto sobre la Tierra: los reyes sirviendo al Rey; gober­nantes cuidando del Gobernante. Los reyes terrenales tienen sirvientes y consejeros que los asisten. El Rey de reyes, el Anciano de días, tiene reyes como sus asistentes.

Luego de que el Anciano de días tomó su lugar, toda la corte se sentó (nadie se sienta mientras que el Rey está de pie), y los libros fueron abiertos. Esta es una escena de juicio, no de juicio de los hombres, sino de Satanás. Daniel vio esto en una visión quinientos años antes del nacimiento de Jesús. Satanás era juzgado; su poder, destruido; y su cuerpo, «echado al lago de fuego». El fuego consume y aquí simboliza la pérdida de poder. A las otras bestias también les fue quitada su autoridad, pero se les permitió vivir por un tiempo más.

LA DESTRUCCION FINAL Y EL HIJO DEL HOMBRE

Lo que esto significa para nosotros es que, aunque Satanás y las fuerzas de oscuridad todavía estén rondando para acosarnos si los dejamos, su poder y autoridad sobre nuestras vidas han sido quebrados. Ellos ya han sido juz­gados. Su destrucción final espera la consumación de todas las cosas con la venida de Cristo, pero es tan cierta como si ya hubiera ocurrido. Por eso, no tenemos que rendirnos a la derrota o a la desesperación o impotencia, porque el poder de nuestro enemigo ha sido quebrado. El Señor nos ha dado autoridad sobre él. Nosotros estamos entre los que se sientan en el juicio contra él junto al Rey.

Inmediatamente después de eso en el sueño de Daniel, la razón de la destrucción de Satanás se hace más clara. «Uno como el Hijo del Hombre, viniendo entre las nubes» se acerca al Anciano de días y es llevado a su presencia. Esta es una referencia directa a Jesús, quinientos años antes de su nacimiento.

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

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