el-evangelio-de-las-actitudesEvangelismo – El Evangelio de las Actitudes 3

 

Continuemos.

Satanás está usando la lengua de muchas personas. Una actitud de crítica puede llevar a una persona a dedicar semanas enteras desen­terrando viejos defectos o pecados de otros cristianos. Creyen­do que sus persecuciones son un servicio a Dios, es probable que pase horas en el teléfono o visitando casas y envenenan­do a otros. Claro que los que simpatizan con el acusador de los hermanos cumplen lo que dice Lucas 17.37: «Donde está el cadáver, allí se juntarán los buitres».

Hace un tiempo me estaban entrevistando en un programa de televisión. Luego de relatarles muchas experiencias, me hicieron la siguiente pregunta: «¿Cuál ha sido hasta ahora el peor enemigo de Alberto Mottesi?» Contesté inmediatamente: «Mi peor enemigo se llama Alberto Mottesi». Tengo que mantenerlo sometido; debo batallar continuamente para que su carne no se levante. Cada día debo recodarle que «con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (Gálatas 2.20).

Como me conozco y conozco la fragilidad del ser humano, me repito a mí mismo y me atrevo a decírselo a usted, mi apreciado lector: «Frente a cualquier tipo de tentación, ¡sal­gamos corriendo como José!»

 

3. La Actitud Del Cristiano Frente al Dinero.

El dinero no entraña ningún mal en sí mismo. El amor al dinero es la raíz de todos los males (1 Timoteo 6.10). Lo que corrompe o dignifica no es el valor del dinero, sino nuestra actitud ante él. Éticamente, el dinero no es ni malo ni bueno: es neutro. El problema del dinero no es el dinero en sí mismo, sino quién lo usa y cómo lo usa.

Las cosas materiales se han convertido en ídolos de mu­chos. Este espíritu predominante en nuestra sociedad de consumo, que aún se ha metido en la vida de los cristianos, hace que mucha gente entregue hasta el alma por los bienes materiales. La religión más importante de hoy parece ser el materialismo, y sus templos más prominentes son los gran­des centros de modas y compras en nuestras grandes ciudades.

Por otro lado, cuando Dios planea prosperarnos, tiene en mente llenar las manos de sus hijos con bienes materiales para que estos a su vez llenen la tierra con el evangelio. ¡Qué bendición es poder tener dinero para hacer la obra del evan­gelio! Sin embargo, ¿no es cierto que asusta el bombardeo de pedidos de dinero por todas partes? Muchas veces uno no sabe si detrás del que pide hay una junta de directores que vela por la seriedad del manejo de los fondos, y una estructura con sus correspondientes patrones de comportamiento que coincidan con la ética más excelente de santidad en la admi­nistración.

Como pueblo de Dios, debemos definir una ética de com­portamiento frente al dinero. El que sirve al Señor debe estar dispuesto a dar cuenta hasta del último centavo que le envían para hacer la obra. En el caso de nuestro ministerio, cada año encargamos a una compañía independiente de contadores públicos para hacer una auditoría de nuestras finanzas. Ni siquiera son evangélicos. Cada año publicamos dicha audito­ría y ofrecemos ejemplares de la misma hasta en la recepción de nuestras oficinas, como cualquier revista. Nuestros libros de contabilidad están completamente abiertos.

Yo, Alberto Mottesi, soy empleado de la Alberto Mottesi Evangelistic Association, una organización de carácter no lucrativo. Estoy bajo la autoridad de una junta de directores y tenemos manuales estrictos de administración. No manejo la chequera del ministerio. Ni yo ni ningún miembro del equipo recibe ofrendas personales. Las contribuciones que nos entregan van directamente a los fondos del ministerio, inclusive la totalidad del producto de los libros que mi esposa y yo hemos escrito.

Este uso cuidadoso y santo se aplica lo mismo al dinero de los ministerios cristianos como a las economías personales de cualquier líder o miembro de iglesia. De la misma manera como esperamos que las organizaciones cristianas sean san­tas en el manejo de los bienes materiales, esperamos que todos los creyentes sean santos y bíblicos en el uso del dinero.

 

4. La Actitud Del Cristiano Frente a Las Autoridades.

Cuando Dios nos creó, nos creó con orden. Nuestra vida religiosa se derrumba si no aprendemos a vivir ordenadamen­te la vida cristiana y ciudadana. La puntualidad es parte de ese orden. La impuntualidad que muchos consideran una característica de nuestra cultura hispanoamericana —y que los de afuera usan para ridiculizamos y caricaturizamos- es pecado delante de Dios. El cristiano debiera caracterizarse por su puntualidad.

Es imprescindible ser puntual y fiel en el pago de nuestras deudas, compromisos y obligaciones. La admonición bíblica es clarísima: «no debáis nada a nadie».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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