el-evangelio-de-las-actitudesEvangelismo – El Evangelio de las Actitudes 4

 

Continuemos.

Hay épocas difíciles en la vida, tiempos de prueba en que nuestras finanzas no son suficientes y nos retrasamos en el pago de nuestras deudas. Esto es comprensible. Lo que es incomprensible es que un cristiano deje deudas sin pagar, compromisos incum­plidos, impuestos sin declarar. Dios no avala el desorden de nadie. Dios espera que frente a cualquier deber para con las autoridades competentes seamos transparentes y cumplidores.

Cuando Jesús vino a este mundo, no vino a establecer una religión de leyes y rituales sino a enseñarnos a vivir. El evangelio no es un tratado para bien morir solamente. El evangelio es un modelo para vivir todos los días de nuestra vida. Por cada versículo que habla de cuestiones místicas hay alrededor de treinta que hablan de los aspectos prácticos de la vida: cómo tratarnos en familia, cómo tratar a nuestro jefe o a nuestro empleado, cómo actuar frente a las autoridades. Si el evangelio no se refleja en nuestro cotidiano vivir, no es realmente el evangelio de Cristo. El evangelio de Cristo es una forma de vivir que manifiesta la vida de Jesús a través de nosotros.

 

5. La Actitud Del Cristiano Con Relación al Prójimo.

Desde muy pequeño aprendí una verdad que ha marcado mi vida: mis derechos terminan donde comienzan los derechos de mi prójimo. ¡Hay demasiado abuso por todas partes! Me enoja sobremanera cuando un ser humano se aprovecha de otro. Me enojan el dictador que ejerce un poder absoluto, el raptor enfermizo que priva a otro ser humano de la libertad para conseguir algún beneficio, el violador sexual y el explo­tador de los pobres. ¡Y no me enoja menos el clásico macho hispanoamericano que a gritos pretende sojuzgar a su fami­lia!

Qué sabio aquel indígena de Oaxaca, que merecidamente ocupó la presidencia de México, don Benito Juárez, cuando dijo: «El respeto al derecho ajeno es la paz». ¡Pero qué maravillosa, y más sabia aun, la Regla de Oro que nos dejó el Señor Jesús: «Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas» (Mateo 7.12).

¿Cómo podemos esperar que Dios nos perdone si no sa­bemos perdonar a otros? Los que dicen el Padrenuestro sin saber lo que oran están lanzando un búmerang que puede golpearlos. Cuando decimos: «Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores», le estamos pidiendo a Dios que nos trate de la misma manera que tratamos a los demás.

¿Cómo esperamos que Dios nos bendiga, si no sabemos bendecir a los demás? ¿Cómo esperamos recibir, si no hemos aprendido a dar? «Todo lo que el hombre sembrare eso también segará». Si queremos el amor de nuestros hijos, expresemos amor a nuestros hijos. Si queremos que otros colaboren con nosotros, vayamos primero nosotros a lavarles los pies. Siempre me impresionó una frase que continuamente ha repetido mi hermano, el Dr. Osvaldo Mottesi: «El que no vive para servir, no sirve para vivir».

La actitud que el evangelio espera de nosotros es la de tratar a cualquier ser humano como si fuera el mismo Señor Jesús: «Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te susten­tamos; o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mateo 25.35-40).

No importa lo sucia o andrajosa que esté una persona, ni el color de su piel, ni su posición social, ni si nos parece antipática y grosera: detrás y dentro de cada persona está nuestro Dios. Esa persona es su bendita creación, y tenemos que respetarla y tratarla como si fuera Él mismo. Hay un evangelio espiritualizante que pretende llevárselo todo para el cielo. Sin embargo, el evangelio que conozco es un evangelio de actitudes prácticas que comienza aquí abajo, en la tierra. La credibilidad del mensaje que exponemos no se basa solo en su contenido bíblico, lo cual es fundamental, sino también en la calidad de vida y actitudes santas del que lo predica o comunica.

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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