vivr-bajo-la-presencia-de-diosEvangelismo – Vivir Bajo la Presencia de Dios 3

 

Continuemos.

Siempre se miran al final de la línea de los limosneros del Reino, y olvidan que con Cristo «ya están sentados en los lugares celestiales». ¡Ese no es el plan de Dios! Su plan es llevarnos de gloria en gloria y de victoria en victoria. ¿Pero por qué, en momentos de nuestra vida, Dios nos lleva al terreno del quebrantamiento? En el caso de Job, quien personalmente testifica que solo conocía a Dios de oídas, lo hizo para darle una revelación que Job no tenía, para llevarlo a una altura que antes no conocía, a una estatura que no tenía, a un encuentro que no se había efectuado, para que fuera lleno de la gloria de Dios, y para que luego llevara esa gloria a los demás. En efecto, los años postreros de Job fueron mejores que los primeros.

 

5. Isaías se Humilla.

Isaías, en un momento histórico específico, dice: «Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime» (6.1). Esta experiencia sin Igual marca la vida del profeta. Y contemplar al Señor produce hechos trascendentales en la vida de ese varón de Dios. Por ejemplo, estar bajo la unción de la presen­cia de Dios lo lleva a la humillación: «¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitan­do en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos» (v. 5).

Este primer paso de humillación y quebrantamiento, dado por el profeta, hace que Dios también dé un segundo paso, en este caso un paso de su gracia: «Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado» (vs. 6-7). Y el vivir bajo la unción de la presencia de Dios desarrolla una nueva disposición en la vida de Isaías: «Heme aquí Señor, envíame a mí» (vs. 8). Es como si el profeta dijera: «Delante de tu presencia no puedo esconder la llave de ninguna puerta de mi vida, pues todo se hace transparente. Por lo tanto, todo lo rindo a ti. Lo que quieras Señor, donde tú me envíes. Eres el dueño de toda mi vida».

 

6. Jeremías en la Presencia de Dios.

Jeremías oye a Dios y reacciona: «¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño» (1.6). Este versículo habla de sus emociones variables, reacias a la voluntad de Dios. Sus temores, como los de cualquiera de nosotros, eran muy evidentes; le sirven de apoyo para una magnífica excusa: «soy demasiado joven aún». Pero Jeremías estaba en la pre­sencia de Dios, no ante el general de un ejército común. Estaba delante del Creador, el Rey de todo el Universo; algo tenía que pasar en esa bendita presencia. El Señor le respon­dió: «No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar» (1.7-10).

Más adelante, en el mismo capítulo, Dios le muestra que las fuerzas enemigas del norte que van a derramarse como fuego hirviendo sobre el pueblo de Dios. Y frente al peligro, frente a la adversidad, frente a la tribulación, Dios le dice: «Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos. Porque he aquí yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte» (1.17-19).

Es como si el Señor le dijera: «Yo no te levanté como pueblito despro­tegido, sino que te establecí como ciudad fortificada que no puede ser tomada por el enemigo. Yo no te constituí como palo de madera que puede ser destruida por el tiempo y la polilla; yo te levanté como columna de hierro que no se dobla ni es tumbada. Yo no te desarrollé como pared de barro llena de grietas y arruinada por la lluvia; yo te levanté como muro de bronce que permanece fuerte, impenetrable y brilla en el tiempo. «Y pelearán contra ti pero no te vencerán; porque yo, dice Jehová, estoy contigo para librarte».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Pasión Por Las Almas”

Por Alberto Mottesi

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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