Padres e Hijos – ¿Cómo se Forma la Imagen de Dios en un Niño? 1

 

 

1. Introducción.

Un prejuicio bastante arraigado sostiene que la educación religiosa en la infancia carece de importancia, sin embargo, la ausencia de vida religiosa durante la niñez constituye un vacío casi irreparable. Los padres tienen una posición de autoridad sobre sus hijos para instruirlos, cri­arlos y corregirlos. Pero dicha autoridad debe ejercerse con temor de Dios y sabiduría espiritual.

En el ejemplo de Cristo se encuentra un modelo de humildad, pues a pesar de su exaltada posición de autoridad, se humilló a sí mismo, fue obediente al Padre y vivió para servir. De la misma manera, los padres deben humillarse en obediencia al Señor en primer lugar, lo cual redundará en bien de sus hijos y de cuan­tos los rodean.

Deben procurar ser dignos del amor de sus hijos, y obtener su respeto y admiración, más que por medio del poder, a través del afecto. Los abusos de autori­dad de los padres llevan a los hijos a ver toda autoridad como egoísta y manipuladora, incluso la de Dios. Una actitud servicial da a los hijos un hermoso ejemplo y los inspi­ra a servir a los demás.

El amor de Dios abarca la paciencia y la longanimidad, las cuales son virtudes que los padres deben tener. Los padres impulsivos, caprichosos y los que tiene fácil­mente ataques de mal genio, transmiten una deformada ima­gen de Dios en la mente de sus hijos. Estos niños encuentran difícil aceptar la fidelidad Dios y con frecuencia temen que Dios pierda la paciencia con ellos y los castigue sin motivo alguno. La incapacidad de muchos cristianos para experimen­tar el perdón de Dios se puede basar en padres que no per­donaban ni olvidaban las faltas de sus hijos.

El Padre Celestial no cambia, Él es totalmente consecuente su carácter perfecto en todo momento. No hay nada que con­funda tanto a un niño como tener padres inconstantes. Los hijos necesitan saber qué actitudes pueden esperar de sus padres y si son cambiantes, crearán ansiedad y temor en ellos.

De la misma manera que un padre aspira a que su hijo crezca espiritualmente, deberá él también, continuar madurando con­forme a la imagen de Dios. No dejes que tus buenas inten­ciones te confundan, todo lo que transmitas a tus hijos en su niñez será aquello con lo que vivirán el resto de sus días.

Si con tu propia vida les enseñas a amar, respetar y valorar a los demás; ellos amarán y respetarán a quienes los rodean, si tus palabras y tus actos encierran críticas, prejuicios y vanidad, ellos actuarán de la misma manera, sólo por «seguir» el mode­lo que les fue dado. Y por sobre todo, si les muestras a Dios obrando en tu vida, lo verán y creerán que también puede hacerlo en ellos.

 

2. Conceptos Erróneos Acerca de Dios.

De acuerdo a lo anteriormente señalado se desprende que la primera concepción de Dios está casi invariablemente fundada en la idea que el niño se hace de su padre. Si tiene la fortuna de tener un buen padre, su concepto de Dios crecerá al rimo del resto de su personalidad. Pero si el niño vive con miedo, o peor aún, con un sentimiento de culpa a causa del temor que tiene a su padre, es muy probable que el Padre celestial se le aparezca como un Ser temible.

Si la obra del Espíritu Santo en su vida le permite superar esta concepción, entonces podrá diferenciar entre esta idea temprana y su pos­terior concepción madura. Pero son muchos los que no supe­ran este sentimiento de culpabilidad y temor, y aun siendo adultos mantienen una idea falsa de Dios que los aleja de la relación real con el Dios vivo.

 

Permíteme hacerte unas preguntas:

¿Qué clase de concepto de Dios se ha formado en tu hijo como resultado de su relación contigo?

¿Está aprendiendo que Dios es amoroso, cariñoso, paciente y perdonador?

¿O acaso se está formando una imagen falsa de Dios lle­gando a la creer que Dios es duro, castigador y crítico?

La vida espiritual entera de tu hijo se juega en ello. Es necesario aprender qué clase de Padre es Dios, y seguir su ejemplo.

De la misma manera que Dios usa a los padres para comunicar sus atributos y su carácter a los hijos, también les encarga que les transmitan el conocimiento de su verdadera identidad. La primera mirada del niño sobre la santidad y la justicia la hará sobre sus padres. Si los padres no son consagrados y no viven rectamente, los niños no conseguirán un cuadro positivo de la justicia de Dios y de su santidad.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Dejadlos Venir a Mí”

Por Daniel Bravo

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