Familias Cristianas – Disfrutar la Libertad del Temor.

 

De niña, el temor era un estilo de vida para mí, porque yo vivía con una madre enferma mental. Su compor­tamiento irregular, caprichoso y abusivo era una fuente cons­tante de terror. Ya de adulta, al conocer al Señor, aprendí a identificar la fuente verdadera del temor y a batallar contra ella. He utilizado las mismas tácticas en favor de mis hijos.

En Los Ángeles atravesamos terremotos, fuegos, inunda­ciones, disturbios, y crimen constante. De haberlo permitido, el temor habría tomado control de nuestras vidas. De hecho, oramos tantas veces por el temor y la protección, que este clamor formó parte de cada oración.

Siempre que yo veía que el espanto comenzaba a apoderarse con fuerza de mis hijos, nosotros orábamos, leíamos la Biblia, cantábamos himnos y coros de adoración, y entonábamos música cristiana. Desde que nos mudamos a otra zona, no hemos tenido que lidiar diariamente con esa clase de temor, pero las lecciones apren­didas acerca del perfecto amor de Dios echando fuera el temor, han sido grabadas en nuestros corazones para siempre.

El pánico es algo que viene sobre nuestras vidas, en el momento que no creemos que Dios puede mantenernos a salvo, a nosotros, y a todo lo que nos interesa. El TEMOR, o Tener Evidencia Mentirosa que al Observar parece Real, ataca con facilidad a los niños porque ellos no pueden dis­cernir siempre entre lo real y lo que no lo es.

Nuestro consue­lo, tranquilidad y amor les puede ayudar, pero orar, hablar la Palabra de Dios en fe, y alabar a Dios por su amor y su poder, les puede hacer libres.

Cuando Jesús estaba en el mar con sus discípulos y se levantó una tormenta, Él respondió al pavor que manifestaban diciendo: «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?» (Mateo 8:26). Él quiere que nosotros, al igual que ellos, creamos que nuestra barca no se va a hundir si Él nos acompaña en ella.

Sin embargo, hay momentos en los que el temor es más que una emoción pasajera. Puede aferrarse con tal fuerza e irracionalmente al corazón de un niño, que no hay acciones ni palabras que lo puedan alejar. Cuando eso sucede, el niño está siendo acosado por un espíritu de temor. Y la Biblia nos dice con claridad que un espíritu de esta clase no viene de parte Dios. Procede del enemigo de nuestra alma.

A través de Jesucristo, los padres tienen la autoridad de resistir en representación de sus hijos, aquel espíritu de temor. El temor no tiene poder sobre ellos. Nosotros tenemos poder sobre él.

Jesús nos ha dado autoridad sobre todo el poder del enemigo (Lucas 10:19). No seas engañado a creer lo contra­rio. Si el temor continúa después de haber orado, pide a otros dos fuertes creyentes que oren contigo. Donde haya dos o más reunidos en el nombre del Señor, Él está ahí en medio de ellos (Mateo 18:20). El temor y la presencia de Dios no pueden ocupar el mismo lugar.

Puesto que tenemos a Jesús, nosotros y nuestros hijos jamás tendremos que vivir con un espíritu de temor o acep­tarlo como un estilo de vida.

 

Oración por tu Hijo.

“Señor, tu Palabra dice: «Busqué al Señor, y Él me res­pondió, y me libró de todos mis temores» (Salmo 34:4). Yo busco de ti en este día, creyendo que me oyes, y te suplico que liberes a……………………………… (nombre del niño) de cualquier temor que amenace apoderarse de él. Tú has dicho que «no nos has dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio pro­pio» (2 Timoteo 1:7).

Inúndale con tu amor y aleja de él cualquier miedo o duda. Hazle sentir tu pre­sencia amorosa sobrepasando cualquier temor que pudiera amenazar con apoderarse de él. Ayúda­le a depender de tu poder de tal forma, que establezca una confianza y una fuerte fe en ti. Proporciónale una mente tan sana que él pueda reconocer cualquier evidencia falsa que el diablo le presente y la identifi­que como algo sin base concreta.

Dondequiera que haya un peligro real o una buena razón para temer, dale sabiduría, protégele, y acércale a ti. Ayúdale a no negar sus temores, sino llevarlos a ti en oración y buscar liberación de ellos. Yo oro para que él se acerque a ti, tu amor penetre su vida y desplace todo temor. Siembra tu Palabra en su corazón. Que la fe sea arraigada en su mente y en su alma mientras crece en tu Palabra.

Señor, gracias por tu promesa de librarnos de todos nuestros temores. En este día yo oro en el nombre de Jesús, en representación de mi hijo, por la libertad del temor”.

Extracto del libro “El Poder de los Padres Que Oran”

Por Stormie Omartian

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