Familias Cristianas – Nuestros Hijos y el Enojo 4

 

Continuemos.

A los padres que nunca han aprendido a controlar su propio enojo les resulta difícil imaginarse a sí mismos adoptando el procedimiento que estoy sugiriendo. Pero tengan esto en cuenta: El niño es inmaduro en virtud de ser un niño. Todavía está en un proceso de crecimiento, de modo que su manejo del enojo todavía no ha madurado.

Los padres son mayores que el niño y por lo menos han tenido tiempo para desarrollar madurez. Si no hemos desarrollado una respuesta madura al enojo, al menos admitamos que ese es problema nuestro y no de nuestros hijos. Cuando los padres aprendamos a manejar nuestro propio enojo de una manera más saludable, estaremos en una mejor posición para guiar a nuestros hijos en el procesamiento de su enojo. Los niños necesitan desesperadamente nuestra orientación como padres.

Un hijo enojado necesita ser escuchado, porque en su mente los padres le han tratado injustamente, le han hecho pasar vergüenza, le han decepcionado, o le han ofendido de alguna manera. Si los padres no escuchan las quejas del niño y no procuran entender por qué el niño se siente así, el enojo del niño será interiorizado y se manifestará más adelante en su conducta. Los psicólogos le dicen a esto conducta pasivo-agresiva. El niño es pasivo exteriormente, pero en su interior el enojo está creciendo y tarde o temprano se expresará en conductas agresivas tales como mal rendimiento académico, experimentación con drogas, actividad sexual, «olvidarse» de hacer la tarea, o algún otro comportamiento que el hijo sabe que disgustará a los padres. Si los padres entendieran el extremo peligro que implica la conducta pasivo-agresiva, harían todos los esfuerzos posibles para prestarle atención a sus hijos cuando están enojados, para escuchar cuidadosamente los asuntos en cuestión, para procurar entenderlos y encontrar una resolución.

Esto no significa que el padre siempre deba hacer lo que el niño está pidiendo. El enojo del niño se encuentra muchas veces distorsionado. Se fundamenta en una ofensa percibida como tal que no es una ofensa definida. Una explicación por parte del padre puede traer como resultado la resolución del asunto. Lo importante es que el niño sienta que usted está auténticamente interesado en resolver el asunto, y que su acción refleje su amor genuino hacia él.

Cada experiencia de enojo le suministra al padre una oportunidad para guiar al niño a superar el episodio de enojo, tratar los asuntos problemáticos y encontrar una resolución. Cada vez que esto se hace, el niño va madurando más en la forma de expresar verbalmente su enojo. Cada vez el niño tiene menos necesidad de gritar y patalear porque los padres le están prestando toda su atención y está seguro de que está siendo escuchado. Tal orientación paterna constituye una manera extremadamente efectiva para enseñar a los niños a manejar el enojo con responsabilidad.

 

4. Cómo Impartir Instrucción.

La mayoría de los padres quieren empezar dando instrucciones. Quizá comienzan: “Déjame decirte algunas cosas que debes saber”. No hay duda de que la mayoría de los padres sabe muchas cosas que los niños deben aprender, y la instrucción puede ser un método efectivo para transmitirlas. Se debe impartir instrucción. Pero asegúrese de que ya se ha establecido el fundamento del amor, porque ese amor incondicional constituye un ingrediente esencial para un suelo fértil donde pueda crecer el corazón de un niño.

Si el corazón del niño no ha sido cultivado y regado con amor incondicional, modelos positivos, y la orientación amorosa por parte de sus padres, no es muy probable que germine y crezca la semilla de la instrucción. Sin embargo, si estos elementos se encuentran en su lugar y el corazón del niño ha sido cultivado, entonces la instrucción constituye un método excelente para enseñarle la forma de manejar el enojo.

Existen muchos métodos y herramientas que los padres pueden emplear para impartir instrucción verbal a los niños sobre cuestiones relacionadas con el enojo. Dependiendo de la edad del niño, las siguientes formas son efectivas para ayudarle a un niño a entender y procesar constructivamente el enojo.

Para el niño pequeño, leer y comentar historias bíblicas que tratan el tema del enojo suministra un formato interesante para instruirlo. Historias tales como las de Caín y Abel, José y sus once hermanos, Jonás y su enojo hacia Dios, Jesús y su enojo hacia los cambistas en el templo, todas estas historias proveen ideas claves para entender el enojo. También al leer la sabiduría que se encuentra en el libro de Proverbios se obtiene instrucción por excelencia sobre la manera de manejar el enojo. Muchos de los proverbios se aplican práctica y específicamente al manejo del enojo.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Otra Cara del Amor”

Por Gary Chapman

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