Un gusano tenía por amigo a un escarabajo. Charlaban horas y horas. El escarabajo estaba consciente de que su amigo era muy limitado en movilidad, tenía una visión muy restringida y era muy tranquilo, comparado con los de su especie.

El gusano sabía bien que su amigo venía de otro ambiente, comía cosas que a él le parecían desagradables y era muy acelerado para su estándar de vida; tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.

Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó la amistad con el gusano en estos términos: «¿Cómo es posible que camines tanto para encontrarte con el gusano?». El escarabajo le respondió diciendo que el gusano estaba limitado en sus movimientos.

Todo el mundo cuestionaba la amistad entre ellos, por lo que el escarabajo quiso poner a prueba a su amigo alejándose un tiempo para esperar que el gusano lo buscara.

Pasado un tiempo, el escarabajo recibió la noticia de que su amigo el gusano, cada día, hacía un esfuerzo extraordinario emprendiendo el viaje para verse con él, pero nunca podía llegar. Tuvo que enfrentar grandes desafíos para eso. Se exponía permanentemente a ser picado por las hormigas y a ser comido por los pájaros. Aun así, el gusano no desistía del intento por estar cerca de su amigo.

Cuando estaba a punto de morir, llegó el escarabajo. Al verlo, el gusano expresó alegría. Sonrió por última vez y se despidió, sabiendo que nada malo le había pasado a su mejor amigo. El escarabajo, avergonzado de sí mismo por haber confiado su amistad en otros oídos que no eran los suyos, había perdido muchas horas de regocijo que las charlas con su amigo le proporcionaban. Al final, entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, era su amigo, que lo respetaba y lo quería no tanto por la especie a la que pertenecía como porque le había ofrecido su amistad. El escarabajo nunca dejó de lamentarse por no haber aprovechado mejor el tiempo en el que estuvieron juntos.

PARA PENSAR Y PRACTICAR

La amistad es el mayor don que Dios nos ha ofrecido. He aquí algunos consejos:

Cultive la amistad en su familia. La Biblia nos desafía a ser amigos: “Finalmente, sean todos de un mismo sentir, compasivos… misericordiosos, amigables» (1º Pedro 3:8).

Muéstrese amigo de su cónyuge. Cantar de los Cantares presenta al matrimonio primero como amigos, luego como amantes.

“He aquí que tú eres hermosa, amiga mía…» (Cantares 1:5).

“Como el lirio entre los espinos. Así es mi amiga entre las doncellas» (Cantares 2:2).

“Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven» (Cantares 2:10).

“He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa» (Cantares 4:1).

“La única manera de poseer un amigo es serlo» (Ralph Emerson).

Conserve sus amigos. Cuando perdemos un amigo, una parte de nosotros se va con él. Las frases, los gestos, los temores, las alegrías e ilusiones compartidas en el capullo de la confianza se van con él. Por otra parte, el tiempo y la distancia no deberían destruir una amistad. «Después de algún tiempo, uno aprende que las verdaderas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que lo importante no es lo que uno tenga en la vida, sino a quién uno tiene en la vida» (William Shakespeare).

Confíe en sus amigos. «Una amistad sin confianza es una flor sin perfume» (Laura Conan).

Acepte ser amigo de Dios. Dios nos ha invitado a ser sus amigos. ¿Puede alguien rechazar tamaña invitación? Aproveche su amistad. Nadie podrá ser mejor amigo que Dios y nadie podrá sentirse más reconocido que nosotros mismos.

Lectura bíblica: «Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes» (Juan 15:15).

Extracto del libro “Familias Con Futuro”

Por José Luis y Silvia Cinalli

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