Familias Cristianas – Matrimonios y Familias Con Dificultades 2

 

Continuemos.

2. Familias que no Cultivan la Vida Espiritual.

No buscan a Dios como familia. Y no pueden funcionar adecuadamente cuando no hay relación con Dios. Siempre habrá conflictos sin resolver, rebeldías, falta de autoridad, frustraciones, “mortandad espiritual”. Esta familia ofrece un blanco fácil para los ataques del maligno (2º Co. 2:11).

Por eso es importante la comunión con Dios a través de un tiempo devocional, donde el hombre en su rol pastoral, complementado por su esposa, guía a la familia al encuentro con Dios. Oran junto a sus hijos, comparten las Escrituras y aprenden a comunicarse con libertad.

 

3. Familias con Relaciones Inestables e Insatisfechas.

Son las familias frustradas, desgastadas, monótonas y rutinarias. Sus miembros se han acostumbrado a esta vida y no esperan cambios, o no están dispuestos a experimentar cambios profundos.

Hay días en los que hacen una “tregua”, hablan a medias de lo que les sucede, prometen cambiar y tienen cierta tranquilidad. En algunas áreas se entienden, pero otras “mejor ni nombrarlas”.

Con frecuencia reemplazan la comunicación verbal por el rechazo, la agresividad y la violencia física. Hay descalificaciones entre la pareja y una formación defectuosa de los hijos.

Para la iglesia también son familias muy conflictivas:

Son muy sensibles. Se sienten fácilmente rechazados, se aíslan, están siempre desconectados, rara vez participan de la comunión espiritual, rara vez están dando o haciendo algo por los otros. Pero demandan y exigen permanentemente.

Son activas. Pero el servicio que aportan resulta conflictivo para los demás. Viven fijándose en lo que hacen otros y cuestionando permanentemente todas las cosas. Son familias rebeldes.

 

4. Familias que usan el Servicio a Dios como Escapismo.

Tienen tiempo para todo: actividades, personas, hobbies, extraños, ministerios, etc., pero no pueden estar solos o juntos como familia.

Son familias “sospechosas” porque no se relacionan adecuadamente entre sí, pero viven enchufadas al ministerio. Han alterado las prioridades: Primero el servicio, segundo algo de Dios y tercero algo de familia.

Las prioridades deben ser: Primero Dios, segundo la familia y tercero la iglesia. Pero atendiéndolas a todas y sin caer en los extremos de servir exageradamente, o de no servir a nada ni a nadie.

Esta familia corre el peligro de no orar juntos, de no sentarse a dialogar para resolver sus propios problemas, de no profundizar las relaciones.

Viven hablando de otros, de los problemas y de las necesidades de otros, pero no de sí mismos.

 

5. Familias con Problemas de Comunicación.

No pueden expresar adecuadamente sus problemas. Se comunican ritualmente, se lastiman, hablan de cosas superficiales, hablan de otros, pero nunca se habla seriamente de lo “nuestro”, de “nosotros”. Periódicamente alguien se “deprime” para romper la rutina y la monotonía.

En la iglesia reproducen el mismo tipo de relaciones huecas. Son personas hambrientas de amor y de aceptación, pero aun cuando lo tienen no saben qué hacer con él.

La primera falta de comunicación de estas familias es con Dios mismo.

(Adaptado de Materiales de Aconsejamiento de Guillermo Donamaría)

 

Para Evaluarnos.

Tal como dijimos en la primer parte del tema, el objetivo es evaluarnos como matrimonios y familias y determinarnos a tomar las acciones necesarias para cambiar.

1. ¿Con cuál de los 9 “juegos” matrimoniales te has sentido más identificado?

2. ¿Cuál o cuáles de ellos predominan en tu matrimonio?

3. ¿Qué deberías hacer para dejar estos juegos inmaduros y comenzar a sanar la relación?

4. ¿Con cuáles de los 5 tipos de familias te has identificado? ¿Por qué?

5. ¿Qué acciones concretas deberías comenzar a implementar para cambiar tu realidad familiar?

Por Edgardo Tosoni

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