Familias Cristianas – Seguir la Verdad, Rechazar la Mentira 1

 

En el hogar, nuestros hijos saben que mientras es posible llegar a un acuerdo sobre el castigo de ciertas infraccio­nes, si el mentir es parte de la ofensa, el castigo no se hará esperar, será desagradable y no negociable.

Nosotros consi­deramos que el decir una mentira es la peor ofensa, porque es la base para todos los demás actos de maldad. Todo pecado o crimen comienza con alguien que cree o habla una mentira. Incluso si es tan simple como «puedo conseguir lo que quiero si miento», es suficiente para pavimentar el camino al mal.

Desde el principio, mi hija pretendió asumir el riesgo diciendo «pequeñas mentiras piadosas». Pero no le tomó mucho tiempo comprender que el castigo por mentir opacaba en gran medida, cualquier posible ventaja obtenida a través de esa acción. Mi hijo, por otro lado, lo comprobó amplia­mente. Si él iba a decir una mentira, lo haría en grande.

Cuando Christopher tenía 7 años, estaba jugando pe­lota con su amigo Steven, frente a la casa de este último. La pelota le pegó a una ventana grande del frente de la casa, lo que provocó la aparición de la mamá de Steven en la escena.

—¿Quién hizo esto? —ella preguntó.

—Yo no lo hice —dijo Steven.

—Yo tampoco —declaró Christopher.

—¿Steven, quieres decirme que tú no le diste a la ventana con esta pelota? —ella insistió.

—No, no lo hice —respondió Steven con certeza.

—Christopher, ¿le pegaste tú a la ventana con esta pelota? —le preguntó.

—Si me viste hacerlo, yo lo hice. Si no me viste, yo no lo hice —respondió Christopher con su más convincente tono de voz.

—Yo no te vi hacerlo —ella dijo.

—Entonces, no lo hice —aseveró él.

Cuando la mamá de Steven nos relató lo sucedido, supi­mos que necesitábamos lidiar de inmediato con este asunto, para que Christopher no pensara que podía obtener ventaja de la mentira.

—Christopher, alguien vio todo lo ocurrido. ¿Te gustaría contarnos al respecto? —le dije, anhelando toda su confesión y un corazón arrepentido.

El bajó su cabeza y dijo: —Está bien, lo hice.

Tuvimos una larga conversación sobre lo que la Palabra de Dios dice acerca de mentir.

—Satanás es un mentiroso —le dijimos—. Todo el mal que él hace comienza con una mentira. Las personas que mienten creen que el hacerlo hará que las cosas les vayan mejor. Pero en realidad, conlleva justo a lo opuesto, porque el hablar falsedad significa que te has aliado con Satanás.

Cada vez que mientes, le das a Satanás un pedazo de tu corazón. Mientras más embustes dices, más lugar le das en tu corazón al espíritu de mentira de Satanás, hasta que al fin no puedes dejar de engañar. La Biblia dice: «Amontonar tesoros con lengua mentirosa es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte» (Proverbios 21:6). En otras palabras, tú puedes pensar que estás consiguiendo algo al mentir, pero todo lo que haces en realidad, es traer muerte a tu vida.

Las conse­cuencias de decir la verdad tienen que ser mejor que la muerte. Aún el castigo que recibes de tus padres por mentir será mucho más placentero, que las secuelas de la mentira. La Biblia promete que «el testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará» (Proverbios 19:5).

Transcurrió bastante tiempo después de ese incidente, antes que Christopher me preguntara quién le había visto aquel día.

—Fue Dios —le expliqué—. Él te vio. Yo siempre he pedido al Señor que me revele cualquier cosa que necesite saber sobre ti o tu hermana. Él es el Espíritu de Verdad, tú lo sabes.

—Mami, eso no es justo —fue todo lo que me dijo.

Después de eso, sin embargo, las pocas veces que dijo una mentira, él siempre vino a mí de inmediato para confesarla.

—Pensé que mejor te lo decía yo, antes que lo escucharas de parte de Dios —él me explicaba.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de los Padres Que Oran”

Por Stormie Omartian

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