Padres e Hijos – Trastornos Relacionados con la Alimentación y el Control de Esfínteres 1

 

 

Los síntomas correspondientes a los trastornos de la ali­mentación incluyen, según su instalación en el curso del desa­rrollo, el vómito en chorro, la inapetencia, las fobias y los ri­tuales alimenticios, la anorexia, la bulimia, la coprofagia, entre otros.

 

1. Las Fobias y los Rituales Alimenticios.

En general las inapetencias de la primera infancia, si no son demasiado severas, suelen ir desapareciendo paulatinamente hasta normalizarse con los fenómenos del crecimiento, en oca­siones hasta los siete años, más frecuentemente en la puber­tad o adolescencia.

El impulso vital juega un importante papel en tal remisión, como así también la ampliación del número de intereses que ayudan al niño a resolver su intensa simbiosis y dependencia infantil: el aprendizaje escolar, los amigos, los deportes, la adquisición de cultura, etc.

Las Fobias Alimenticias son en sí mismas un grado menor de inapetencia, aunque a veces acompañan con todo rigor, reduciendo la ingesta a una variedad mínima e incluso fantás­tica de platos, por ejemplo, solamente papas fritas, milanesas y huevos fritos de determinada manera y con características precisas.

El sentido de la fobia es el mismo que el de la inape­tencia: el alimento rechazado ha recibido la proyección y desplazamiento de lo temido y peligroso. Recibe además el refuerzo de los mecanismos obsesivos, los que en ciertos casos, a partir de los dos años dan origen a rituales que pueden llegar a ser muy rígidos.

Los rituales abarcan un determinado número de actos, desde el lavado compulsivo de las manos, la ubicación espacial de algunos juguetes, la necesidad de sentarse en el mismo asien­to y en el mismo lugar, el plato servido de cierta manera, etc. Su sentido es anular la vivencia terrorífica proyectada sobre la comida por medio de una presencia idealizada.

 

2. Anorexia, Bulimia y Pica.

Cuando las fobias alimenticias no mejoran sustancialmente, se instala la anorexia franca, designación que preferimos destinar a los cuadros de rígida y tozuda negación a comer, y que lle­gan al punto de no ingerir casi nada, ni siquiera golosinas.

Se ha detectado este síntoma en niños de 8 años, siendo el cuadro físico muy lamentable: peso muy por debajo de lo normal, delgadez extrema, palidez, ojos hundidos y agranda­dos. La anorexia constituye una tentativa de suicidio, un angustiante pedido de ayuda y la inminente necesidad de puesta de límites.

Asimismo estos niños presentan una profunda omnipoten­cia, rasgos obsesivos y celos patológicos. Por otra parte, se ha detectado la existencia de circunstancias críticas de la fami­lia que inducen a una profunda depresión y retracción de sus integrantes.

El síntoma en el hijo expresa su manera de vivir la depresión familiar. La anorexia también puede obedecer a una separación prolongada de los padres, ya sea por un viaje, o por problemas de convivencia. Por lo tanto, la negativa a comer es la respuesta defensiva ante un dolor emergente.

La bulimia constituye un síntoma radicalmente opuesto a la inapetencia: el niño tiene apetito exagerado, come mucho y a cada rato, con una avidez y voracidad notables. Desde el punto de vista psicopatológico, la avidez y la voracidad aparecen como rasgos constitucionales, junto con la manía y la omnipotencia.

La comida se ha convertido en un factor de gratificación narcisista. El «yo» de estos chicos presenta una desorganización y confusión por falta de desarrollo. En muchos casos la bulimia va acompañada de obesidad, pero también hay chicos bulímicos que no son gordos. En cuanto a los progenitores de estos niños, suele observarse que los han designado su objeto narcisista.

Por último, la Pica aparece a partir de la posibilidad de desplazamiento motor, diez meses aproximadamente, y la misma está asociada a llevarse cosas sucias a la boca, a comer tierra o arena; implica un intento de discriminación entre la comida idealizada y lo perjudicial y prohibido.

Las caracterís­ticas de este síntoma obedecen a profundas vivencias de desprotección y abandono. Se trata de niños librados a sí mismos, que reciben muy pocos cuidados y protección.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Dejadlos Venir a Mí”

Por Daniel Bravo

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