Predicaciones – Algo Que Toca el Corazón de Dios 4

 

Continuemos.

«Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». Sí  sabemos que lo que Jesús dijo tenía que ver con los hambrientos, los forasteros, los enfer­mos, los necesitados, los sedientos. Sin embargo creo no torcer las Escrituras al pensar que también estas palabras se aplican a los niños, «los más pequeños», los que por su edad, necesidades y desarrollo son más frágiles. Y porque son frágiles, ingenuos, sencillos, humildes, crédulos y muy sinceros es que tenemos que ser muy justos con ellos. No crea que no entienden el mensaje del evangelio del Reino con todas sus implicaciones.

Pero Satanás se está aprovechando también de su fragili­dad. Hay un invento que está revolucionando el mundo. A tal punto, que ya dentro de unos pocos años quien no sepa trabajar con una de ellas será algo así como un analfabeto. Me refiero a la computadora. Con este aparato y mediante una tremenda red de comunicaciones, uno puede tener acceso a una enorme serie de servicios en todas las partes del mundo: bibliotecas, bancos, oficinas del gobierno, turismo, deportes, servicios internacionales, periódicos, revistas. Pero cosas que debían utilizarse para bendecir, construir, edificar y levantar al ser humano, también se están usando para destruir, dañar y acabar con la inocencia de miles de criaturas: pornografía infantil y contacto con niños… ¡Cuidado pueden ser los suyos a través de la «internet»!

Esta es, si se quiere, la última de las nuevas baterías que el diablo tira contra la humanidad. Lo que deseo explicar es que Satanás, por su misma naturaleza de maldad, no respeta ni a lo más hermoso que los seres humanos tenemos: la niñez. Y usará cualquier cosa, por más buena o noble que sea, con tal de destruir a los siervos de Dios de la próxima generación.

Una de nuestras intercesoras, mientras aconsejaba a un niño, descubrió con horror que el padre de este (con la teoría de que «se hiciera hombre») lo obligaba a ver películas pornográficas con él. A los escasos ocho años de edad el niño ya estaba sexualmente activo. Cuando mi esposa aconsejaba hace pocos días a una jovencita embarazada, descubrió que cuando la chica era niña su padre la había manoseado sexualmente. ¡Cuánta destrucción, cuánta miseria humana robando inocencia, robando ingenuidad y abriendo camino y brecha en terreno que debe permanecer virgen por muchos años más!

Me preocupa mucho cómo los medios de comunicación masiva, no sé si por negocio o porque quieren ser muy objetivos en sus informaciones, o tal vez por amarilleo perio­dístico, no pasa un día que no hablen de niños raptados, maltratados, violados, asesinados, usados para pornografía, o abortados en el vientre de sus madres… Con fe y autoridad de Dios: «Suelta a los niños en el nombre del Señor. Suéltalos ya en el nombre de Je­sús!

Pensemos por un momento en qué pasó con la vida de los hermanos Menéndez, que a pesar de ser tan jóvenes mataron premeditadamente a sus padres. ¿Que aprendieron en su niñez quizás de sus padres, tocante a la vida, al dinero, a las presiones sexuales? Sin duda, nunca lo sabremos. Pero hoy están condenados a cadena perpetua. ¡Cuánto ataque satánico a lo más bello que Dios ha creado!

En Miami un jovencito latinoamericano asaltó a una ancia­nía de 80 años, golpeándola con un bate de béisbol para robarle solo unos centavos de dólar. Un niño de 10 años junto con su hermanita miró todas las películas pornográficas que sus padres al parecer tenían bien escondidas. Esos hermanos practicaron entre ellos todo lo que aprendieron en ellas. El varoncito está en un reformatorio para menores, preso. ¿Y los padres? ¡Muy bien, en casa, alimen­tando su morbosa alma con la misma basura que destruyo a sus hijos!

La televisión, un aparato que debería ser de bendi­ción y por cierto lo es para muchos, sin embargo también por la irresponsabilidad de los padres se ha vuelto «una maldición en la misma sala de muchos hogares. ¿Cuándo volveremos a la tradición de la familia sentada en la sala leyendo buenos libros, estudiando la Palabra de Dios preparándose para ser buenos ciudadanos y buenos cristianos?

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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