“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera (…)”. “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 1.31 y 2.18).

Dios nos da ejemplo de poder evaluar todo lo que hacemos y mejorar aquellas cosas que pueden ser mejoradas. 

“Y vio Dios todo lo que había hecho”, necesitamos ver todo lo que hacemos para profundizar lo que está bien y mejorar lo que sea necesario.  Una autoestima sana se traduce tanto en reconocer lo que está bien como lo que hay que mejorar, actuando en consecuencia.

Algunas personas parecen ser más infalibles que Dios porque nunca reconocen que algo podría mejorarse en su vida y en lo que hacen. 

La mayoría pone resistencia frente a una evaluación, aun ante una autoevaluación, perdiendo de esta forma la posibilidad de mejorar en todo.

La autoevaluación no es algo positivo o negativo, simplemente es un método por el cual se revelan cosas positivas y negativas al igual que lo hace una radiografía. 

La autoevaluación requiere de humildad y aprecio por la verdad, debe ser rigurosa, imparcial, independiente y responsable.

Si verdaderamente querés mejorar como persona, y en lo que hacés, es imprescindible una buena autoevaluación, y aceptar tanto tus puntos fuertes como los débiles y actuar en consecuencia. 

No te olvides que el crecimiento y el progreso, por lo general, están precedidos de una buena autoevaluación, no dejes de hacerla en cada área de tu vida, y de actuar en consecuencia.

Yo bendigo tu vida para que, bajo la dirección de Dios, puedas realizar una buena autoevaluación para profundizar lo que está bien y rectificar de forma inmediata lo que debe ser corregido.

Por Daniel González

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