Guerra Espiritual – Desarrollando la Vida de Oración Personal 4

 

Continuemos.

En otro tiempo, yo pensaba que tener una carga de oración significaba tratar de persuadir a Dios para que hiciera algo hacia lo cual se sentía reacio. La importunidad nunca es para inducir a Dios a hacer una cosa por la cual nos ha impulsado a orar.

El propósito de la misma es proveerle al creyente la oportunidad de ejercitarse en cuanto a vencer a la oposición satánica y enseñarle a gobernar como preparación para el trono. La intención de Dios al decretar la oración no es que ésta le ayude a él, sino que le proporcione a usted práctica en el ejercicio de la autoridad sobre Satanás.

Una vez que usted ha aprendido una nueva lec­ción, y orado hasta el fin llegando a otro nivel de madurez espiritual, el Espíritu Santo es liberado para que ate a Satanás. Entonces, la oración es contestada. Esta es la razón por la cual Dios busca un hombre, y por la que Jesús dijo en Lucas 10:19: «He aquí os doy potestad (autoridad) sobre toda fuerza del enemigo».

Toda acción, treta y estratagema de Satanás está bajo el control de Dios; Satanás no podría mo­ver una pestaña sin Dios. No puede actuar inde­pendientemente. La razón por la que se le permite seguir con su resistencia y oposición, no es porque Dios no pueda controlarle; Dios lo consiente sólo en la medida en que cumple su propósito para nuestro crecimiento, desarrollo y madurez espiritual.

Cuando entendemos que Satanás sólo puede atacarnos con el permiso de Dios, y que la intención de Dios al dejar que lo haga es enseñarnos a ejercer la autoridad; entonces, comprendemos que no hay necesidad de que seamos derrotados. Sabemos que la victoria es nuestra sin importar cuán largo y de­sesperado sea el conflicto. Podemos estar seguros de que tan pronto como hayamos aprendido la nue­va lección en cuanto a vencer, Dios se ocupará de Satanás.

 

Si la Iglesia no Ora, Dios no Actuará.

Dios nunca pasa «por encima» de su iglesia para imponer su decisión, ni le quita a ésta las cosas de las manos. El hacerlo estropearía su pro­grama de preparación. Solamente llevando este abrumante peso de responsabilidad, la novia puede alcanzar su plena estatura como cosoberana del universo. Esta es la razón por la cual, cuando la iglesia fracasa, Dios espera. Por esto no hace nada en la esfera de la redención humana hasta que ella acepta su responsabilidad y utiliza su privilegio y prerrogativa de la intercesión.

Si la iglesia no ora, Dios no actuará; porque el hacerlo frustraría su pro­pósito de conseguir que la misma alcance su pleno potencial como soberana suya.

Este era el plan de Dios desde el principio, y no lo malogrará quitándole a la iglesia los asuntos de las manos. Dejaría que todo el mundo se destruyera primero. Su parte en la obra de la redención está plenamente acabada, pero no pasará por encima de su iglesia.

El propósito imperecedero de Dios es ca­pacitar a su compañera eterna para que participe plenamente con su Señor en el proceso de gobernar el universo; y ésta solamente puede ser capacitada mediante el aprendizaje de la oración y la interce­sión. Únicamente así entra en el propósito eterno de su Señor y participa del mismo. Dios no hará nada independientemente de su iglesia y de las ora­ciones de ésta.

 

La Ocupación Principal de la Iglesia.

John Wesley dijo: «Dios no hará nada si no es en respuesta a la oración».

S. D. Gordon expresó que: «Lo más grande que alguien puede hacer por Dios y por el hombre es orar». También dijo éste úl­timo: «Usted puede hacer algo más que orar des­pués de haber orado; pero no hasta que lo haya hecho». Esto explica su declaración: «El orar es asestar el golpe ganador, servir es recoger los resultados».

E. M. Bounds, autor de varios libros, afirmó: «Dios moldea el mundo mediante la oración. Cuan­to más oración hay en el mismo, tanto mejor es éste, y tanto más poderosas las fuerzas contra el mal. Las oraciones de los santos de Dios son el capital del cielo por medio del cual Dios lleva ade­lante su gran obra sobre la tierra. Dios condiciona la vida y la prosperidad de su causa a la oración».

Si tales cosas son ciertas, entonces indudable­mente, «la oración debería ser la principal ocupa­ción de nuestros días».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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