Guerra Espiritual – Desarrollando la Vida de Oración Personal 5

 

Continuemos.

La Iglesia Tiene la Llave.

Los cheques utilizados por algunas compañías de negocios requieren las firmas de dos individuos para que sean válidos. Una sola no es bastante; am­bas partes deben firmar. Esto ilustra el método de Dios de obrar a través de las oraciones y de la fe de su pueblo. Sus promesas son los cheques firmados con su propia sangre. Su parte fue completada ple­namente en el Calvario; pero ya que la oración es un aprendizaje, ninguna promesa es válida hasta que un hombre redimido entra en el salón del trono del universo y, mediante la oración y la fe, escribe su nombre al lado del de Dios. Entonces, y sólo en­tonces, son liberados los fondos del cheque.

Esto es semejante a lo que ocurre con una caja de seguridad en la bóveda del banco. El banco tiene una llave y el propietario otra. Ninguna de dichas llaves por sí sola puede abrir la caja. Pero, cuando se le da al encargado la suya propia y ambas se in­sertan, la puerta se abre repentinamente, poniendo a su disposición todo el caudal guardado en dicha caja.

El cielo tiene la llave mediante la cual se toman decisiones que rigen los asuntos terrenales; pero no­sotros guardamos aquella que hace que dichas deci­siones se lleven a cabo. Siendo esto así, la oración toma una dimensión muy diferente de la idea o la comprensión convencionales. Orar no es vencer la renuencia de Dios a hacer algo; tampoco es persua­dirle para que haga aquello hacia lo que se siente reacio. Orar es «atar en la tierra» lo que ha sido ya atado en el cielo (Mateo 16:19). Es cumplir e imponer su voluntad en la tierra.

La oración hace posible que Dios realice lo que quiere hacer, y que no lo puede llevar a efecto sin la misma.

El contenido de toda oración verdadera se origi­na en el corazón de Dios; así que él es quien inspira aquélla en el espíritu humano. La contestación a toda petición inspirada por Dios está ya preparada antes de que se pronuncie la oración. Cuando estamos convencidos de esto, es fácil tener la fe para recibir la respuesta.

 

Demasiados Ocupados Para Orar.

Ningún ángel fue nunca invitado a compartir el alto privilegio de la oración. Ni a arcángel alguno se le dijo jamás que entrara en el salón del trono del universo; sólo a la humanidad redimida. Y muchos de nosotros estamos demasiado ocupados viendo la televisión, siguiendo los deportes, cazando y pes­cando, bañándonos y paseándonos en barco, entre­gados a las tareas de la granja o a los negocios, o con más de un empleo.

Estamos tan afanados con los cuidados y los placeres de esta vida, intentando mantenernos al día en cuanto a los nuevos coches, las nuevas casas, los nuevos aparatos eléctricos para el hogar, los nuevos muebles, que no tenemos tiempo para orar.

Cierta persona ha descrito a un individuo mo­derno como alguien que conduce un coche financia­do por un banco, sobre una carretera financiada con bonos, con gasolina pagada mediante tarjeta de crédito, con objeto de abrir una cuenta en unos al­macenes para poder amueblar a plazos su casa fi­nanciada mediante un préstamo bancario. ¿No podría ser también ésta una descripción de muchas personas de hoy en día que profesan ser cristianas? ¿Y no es posible que este instinto hacia el materia­lismo sea una de las razones por la que los cristia­nos modernos tienen tan poco tiempo para orar?

Quizás algunos estén pensando: ¿Acaso no podemos tener nada en absoluto para nosotros mismos? La respuesta es no. Cristo ha de ser el todo en todos. Usted no es suyo; ha sido comprado por precio (1 Corintios 6:19, 20). «Si, pues, coméis o be­béis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31).

Si usted puede comprar un coche nuevo, una casa nueva, muebles y artefactos nuevos, si puede tener dos trabajos, etc. para la gloria de Dios, tanto mejor; pero piense bien, querido cristiano, si de no ser necesario que mantuviéramos un nivel de vida tan alto, ¿no dispondríamos de más tiempo para orar?

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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