Guerra Espiritual – Dios Herirá a Satanás 1

 

En primer lugar, si usted descubre que su problema es el resulta­do de la opresión satánica o demoníaca, trate de hablar directamente al demonio o demonios, lla­mándoles por su nombre y ordenándoles en el nom­bre de Jesús y sobre la base de la victoria del Calva­rio que le liberen, le suelten, vuelvan al abismo y se queden allí.

Yo mismo he encontrado una nueva victoria ordenándoles a los demonios que vuelvan al abismo y se queden allí.

La segunda razón es la verdad que encontramos en Mateo 16:19 y 18:18. No puedo creer que la voluntad de Dios sea que esos espíritus malos, que están atormentando a su pueblo, sean atados sólo temporalmente; ni tampoco que desee nada menos que el que seamos liberados permanente­mente de los mismos. Sabemos que el abismo es el destino final de los demonios, y que Jesús derramó su sangre para ponerlos allí. ¿Podemos acaso dudar en cuanto a que el Señor no desea ninguna demora del triunfo final de la cruz sobre ellos?

Y otra vez, si la iglesia es la agencia de imposi­ción en cuyas manos se ha confiado el hacer efecti­va la victoria del Calvario, ¿no es posible que el triunfo final de Cristo sobre Satanás y el encarcela­miento de los poderes del mal aguarde la acción agresiva de la iglesia despertada a su legítima auto­ridad? Pablo dijo: «Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies» (Romanos 16:20). ¿Y puede alguien dudar de que los planes y los propósitos de Dios serían favorecidos si se co­menzara en el tiempo presente a atar a las huestes satánicas y a enviarlas al abismo?

Volviendo a la historia de los demonios en Gadara (Mateo 8:28-34; Marcos 5:1-20; Lucas 8:26-39), aquéllos rogaron a Jesús que no los ator­mentara antes de tiempo, ni los enviara al abismo y, aparentemente, él les concedió su petición. Este pasaje indica que el abismo es su destino final. Puede que no sepamos por qué Jesús hizo aquello, pero algunos estudiosos bíblicos sugieren que la en­trada al abismo puede hallarse en el mar. ¿Pudiera ser que, después de todo, cuando los cerdos cayeron al agua estuvieran llevándose a los demonios al abismo?

Es posible que no sepamos dónde van en reali­dad los demonios cuando son echados fuera de la gente. Personalmente, me sentiría más cómodo si supiera que no andan por donde pueden acosar a otras personas. ¿Y no podría ser que Dios, como Agente regulador en el mundo, estuviera esperando que su pueblo comprendiera y ejerciera la autori­dad que él le ha delegado antes de que su plan pu­diera entrar en sus etapas finales?

No afirmo, únicamente pregunto.

Sin embargo, este pensamiento no era del todo desconocido para Pablo, ya que en 1 Corintios 6:3, nos dice: «¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» Y la palabra del apóstol en Romanos acerca de que Dios aplastaría en breve a Satanás bajo sus pies, se refiere, sin lugar a dudas, al juicio de los ángeles malvados o demonios. ¿Y quién tiene derecho a decir que ese juicio no pueda comenzar ahora de parte de aquellos que son capaces de ejer­cer la autoridad que Cristo ha delegado a los creyentes?

 

La Poderosa Palabra de Autoridad 

Cuando comprendemos que los demonios son personalidades con conciencia propia que oyen, ven, sienten y piensan, se hace claro por qué la pa­labra de autoridad en el nombre de Jesús es efecti­va. Evidentemente, en eso era en lo que el centu­rión estaba pensando en Lucas 7:6-8.

Aquel centurión romano demostró tener más discernimiento de las cosas espirituales que los judíos o que muchos creyentes en la actualidad. Detrás de esta declaración hay un conocimiento asombroso de lo que sucede en el mundo invisible. El centurión está convencido de que su siervo está afligido por demonios, y también que dichos espíri­tus malos están subordinados a la autoridad de Jesús. Pero tal autoridad ha de ser expresada me­diante una palabra, una palabra de mando, exacta­mente igual que la autoridad del centurión se ex­presa mediante sus órdenes.

Cuando el centurión dice: «Ve»‘, aquellos que están bajo su autoridad, obedecen. Por lo tanto, éste razona que lo único que necesita hacer Jesús es decir la palabra; ya que las palabras son el medio por el que se transmite la autoridad. Otra vez decimos: El pensamiento o el deseo por sí solos no son suficientes.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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