Guerra Espiritual – Dios Herirá a Satanás 2

 

Continuemos.

La Dinámica del Habla.

El universo no fue creado mediante el pensa­miento, sino por el acto de decir la palabra. «Por­que él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió» (Sal­mo 33:9). Sin duda, desde la eternidad, el universo estuvo en el pensamiento de Dios, pero no apareció hasta que el habló. El poder creativo residía en su palabra.

Y el salmista sigue diciendo: «Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca» (Salmo 33:6). Esto explica el hecho de que Jesús echara fuera a los de­monios, no sólo con su pensamiento, sino por su pa­labra; y también por qué la autoridad del creyente es expresada, transmitida y hecha efectiva por la palabra de testimonio.

Los demonios entienden lo que se les dice; son personalidades con conciencia propia que responden a la palabra de autoridad. Asimismo, esto explica por qué es necesario que el creyente hable en el nombre de Jesús, y sobre la base de la victoria en el Calvario, para expresar la palabra de autoridad directamente a esos demonios que afligen y oprimen.

Vuelvo a sugerirle que sea específico y les llame por sus nombres, para ordenarles en el nombre de Jesús y sobre la base de la sangre vertida, que vuel­van al abismo y se queden allí.

A modo de ilustración, le diré: Yo tengo dos hijos: David y Jonatán. Cuando anuncio: «Chicos, uno de ustedes haga esto»; se miran el uno al otro, y ninguno de ellos lo hace. Tengo que llamar a uno de ellos por su nombre y hablarle directamente para que haga aquello, y entonces, probablemente no hará nada más de lo que le diga específicamente que haga. Para conseguir resultados, he de ser es­pecífico; no los puedo obtener hablando de una ma­nera general.

 

El Nombre Sobre Todo Nombre.

Del mismo modo, es necesario ser específico al tratar con Satanás y con los demonios. Al diablo no le importa cómo habla usted acerca de él; ni tam­poco los demonios temen o huyen si habla de ellos. La autoridad se transmite y es efectiva sólo cuando se les habla directamente en primera persona; siempre en el nombre de Jesús de Nazaret y sobre la base de la sangre vertida. Este, creo yo, es el sig­nificado de Apocalipsis 12:11: «Y ellos le han venci­do por medio de la sangre del Cordero y de la pala­bra del testimonio de ellos». Puede que no sea la única interpretación de dicho pasaje, pero, en mi opinión, éste es su sentido principal.

Si ha captado lo que hemos querido comunicar­le, está en condiciones de ver ahora por qué esta técnica es efectiva. Es posible que esto explique por qué surte efecto el llamar a los demonios por sus nombres cuando buscamos la victoria. Ya que son personalidades con conciencia propia y tienen iden­tidad, es necesario identificarlos por su nombre.

Jesús fue específico cuando dijo: «Espíritu mudo y sordo… sal de él» (Marcos 9:25). También explica por qué Jesús pregunto al endemoniado de Gadara, antes de echar fuera a los demonios: «¿Cómo te llamas?»

Cuando comprende­mos que en el mundo sobrenatural hay demonios que saben lo que hacen, que tienen conciencia pro­pia, pueden sentir, desear y pensar, o sea, que tienen identidad, nos es más fácil entender por qué es necesario hablarles directamente en primera persona identificándoles por sus nombres.

Ya que Cristo venció a Satanás en la cruz, anuló todos sus derechos y facultades; y ya que él ha dele­gado la imposición de la victoria del Calvario a los creyentes, puede usted comprender por qué la técnica expuesta en Apocalipsis 12:11 es efectiva.

Satanás hará todo lo que pueda para asustarle e impedir que use esas armas; pero cuando las utilice confiando plenamente en la victoria del Calvario, descubrirá por sí mismo el poder de la sangre y del nombre de Jesús.

«Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios» (Marcos 16:17).

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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