Guerra Espiritual – El Calvario, ¿Derrota o Victoria? 1

 

La humanidad está acosada por una multitud de espíritus malos, conscientes de sí mismos, lla­mados demonios, los cuales son responsables de gran parte, por no decir de la mayoría, de las com­plejas dificultades de la personalidad, las presiones espirituales, las tensiones y las formas de perversi­dad agravadas que caracterizan a nuestro orden so­cial moderno.

La condición caída de la humanidad, el pecado del corazón del hombre, por sí solo, no explica las psicosis anormales y la maraña y corrupción genera­les de las relaciones humanas. Este constante y dia­bólico desbaratamiento de nuestro orden social, sólo se explica mediante la actividad masiva, entre bastidores, de una hueste grande y bien organizada de espíritus malvados, gobernados por su príncipe.

Cualquier método o técnica espiritual que ignora la presencia y actividad de estas fuerzas ocultas no puede, de ninguna manera, ofrecer una solución adecuada a los problemas que azotan a la humani­dad.

 

La Solución de Dios 

Una vez que se comprende la estrategia para al­canzar la victoria, ésta puede ser utilizada con efi­cacia, sea cual fuere la forma que adapte la activi­dad demoníaca. El método de Dios para vencer se expone específicamente en Apocalipsis 12:11.

Allí, después de describir la batalla en el cielo y la expulsión de Satanás y de sus ángeles, los cuales son lan­zados a la tierra, el escritor explica que en la con­tienda establecida contra los hermanos como resul­tado de dicha expulsión del diablo, la victoria se consiguió «por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos».

En esta referencia aparentemente incidental, el Espíritu Santo ha dado a los santos con discerni­miento unas armas de suprema eficacia para la ba­talla espiritual. A primera vista, esta cita es tan casual que se corre el peligro de pasar por alto sus implicaciones. Sin embargo, en la misma se halla todo lo que el cristiano verdaderamente entregado necesita para una contienda victoriosa.

 

El Calvario, ¿Derrota o Victoria? 

La mención de «la sangre del Cordero» es una referencia directa al Calvario y a la victoria obteni­da allí sobre el mayor enemigo de Dios y del hom­bre. Con vistas a utilizar con eficacia el arma de la sangre, es absolutamente necesario comprender lo que sucedió en realidad en la cruz. Para la mente natural, el Calvario fue una derrota, al hombre corriente del mundo le parece una victoria conse­guida por Satanás.

Todavía puedo recordar cómo solía desear que Jesús hubiera silenciado las burlas de los escribas y los fariseos bajando de la cruz, y «probando» así que era el Hijo de Dios. Para comprender lo que aconteció realmente en el Calvario, debemos enten­der primero lo que había sucedido en la caída en el huerto del Edén.

Originalmente, el hombre fue creado para ejer­cer autoridad, y formado para tener dominio. Re­cién salido de la mano de Dios, recibió el señorío de la tierra, el trono sobre la vida de la misma, y el go­bierno y la supremacía sobre sus fuerzas.

En Géne­sis 1:26 se registra: «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra». El escritor del Salmo 8 declara específicamente: «Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies».

 

Una Conceción Genuina.

Esta concesión de autoridad y dominio sobre el mundo hecha al hombre fue algo real. Dios puso al género humano sobre toda la tierra; era suya, para hacer con ella lo que decidiera. No le fue dada por Dios con ciertas condiciones. Lo que el hombre hizo con aquel dominio y aquella autoridad fue su pro­pia responsabilidad. Si, por así decirlo, «perdía la pelota», Dios no intervendría para recuperar por la fuerza su don. Repito: Era un don genuino.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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