Guerra Espiritual – La Derrota de Satanás 1

 

Un Representante Calificado

Jesús, un hombre entre los hombres; vino y cuando apareció, tuvo lugar una tremenda batalla entre él y Satanás. Todo el destino del mundo y de la raza humana dependía del resultado de dicha batalla. Si Satanás podía encontrar o producir una pequeñísima grieta en la vida y el carácter de aquel hombre, entonces le controlaría y seguiría siendo el soberano indisputable del mundo y de la raza hu­mana.

Durante el largo conflicto que tuvo lugar desde Belén hasta el Calvario, la batalla más terrible jamás librada, el verdadero y único Heredero legíti­mo al trono de dominio, y el falso aspirante a dicho trono, estuvieron trabados en combate mortal. Por treinta y tres años, aquella contienda continuó con cabal intensidad.

El caído «hijo de la mañana» (el más alto de los seres creados preadámicos), des­plegó toda su astucia y todo su poder para quebrar la lealtad de aquel Dios-Hombre a su Padre celes­tial. De haber revelado éste tan sólo una debilidad, todos sus esfuerzos por recuperar el mundo y su es­clavizada raza de manos del príncipe usurpador ha­brían sido inútiles.

Dicho príncipe hizo todo lo posible para poseer el lugar que no le correspondía durante los años que Jesús vivió en Nazaret. Más tarde, lo tentó en el de­sierto, en los años de su ministerio, en el huerto de Getsemaní y, finalmente, en el Calvario. Se esforzó lo más posible por quebrar la lealtad de Cristo a Dios y lograr la transferencia de aquella a sí mismo. Esa era su intención en el desierto cuando le tentó a que postrándose le adorara. Pero Jesús salió victo­rioso, venciéndole con la Palabra: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás» (Mateo 4:10).

También aquél era el propósito de Satanás en Get­semaní, pero de nuevo Jesús triunfó (Lc.22:42).

La intención de Satanás, al llevar a Cristo a la cruz, era obligarle a rebelarse contra la voluntad del Padre y, por lo tanto, hacer que transfiriera su lealtad a él. Este archienemigo de las tinieblas em­pujó a Jesús hasta la misma muerte «y muerte de cruz». En otras palabras, Jesús se sometió a la muerte, «y muerte de cruz», sin tener ni siquiera un pensamiento en desarmonía con su Padre celes­tial.

El propósito real de Satanás, en todos sus crueles ataques y con toda su presión sobre el Señor, fue forzarle a fallar tan sólo una vez en su sumisión a Dios. Este es el significado de todo lo que le sucedió a Jesús desde Getsemaní hasta la cruz.

Cuando por fin Jesús inclinó la cabeza y murió sin haber fallado ni una sola vez, Satanás fue derro­tado en el conflicto. El gran propósito de Satanás de producir en Jesús un pequeño pensamiento de rebeldía contra su Padre, fracasó cuando Jesús murió sin ceder a aquella tentación, triunfando aun cuando la muerte parecía ser una derrota.

 

La Derrota de Satanás 

El que Jesús muriera sin fallar en uno de los más pequeños detalles, dio como resultado, no sólo la derrota del propósito de Satanás de obtener algún derecho sobre él, sino también la anulación de todos los derechos del diablo sobre la tierra y toda la raza humana.

Según la jurisprudencia humana, cuando un hombre mata a otro, él mismo queda sujeto a la pena de muerte. En otras palabras, cuando alguien asesina a una persona inocente, pierde su propia vida, se destruye a sí mismo. Este es un concepto fundamental de la ley divina, como se expresa en Génesis 9:6: «El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada». Ya que la justicia humana, cuando procede de Dios, es sólo un reflejo de la divina, es fácil comprender lo que le sucedió a Satanás cuando empujó a Jesús hasta la misma cruz en su esfuerzo por obligarle a rebelarse contra su Padre.

Cuando Jesús entregó su Espíritu sin dar a Satanás ningún derecho sobre él, el diablo se convirtió en el asesino de una víctima inocente sobre quien no tenía facultad alguna; por lo tanto quedó sujeto en el tribunal de justicia universal, a la pena de muerte. La rebelión de Satanás contra Dios desde «antes que el mundo fuese», le llevó por último al mayor de los crímenes: Su conspiración con los demonios y con los hombres perversos para matar a Dios.

Jesús dijo: «Pongo mi vida por las ovejas… Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo» (Juan 10:15, 18).

El diablo no sabía que no era más que un instrumento para causar la muerte redentora en beneficio de la humanidad que Dios había dispuesto desde el principio. No se daba cuenta de que su última rebelión contra Dios supo­nía firmar su propia sentencia de muerte.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

Lee La Derrota de Satanás 2

2 Comentarios

  1. dIOS LE GUIE EN SUS DEVOCIONALES Y SEA BENDICIENDOLES EN CADA MOMENTO DE SUS VIDAS AL IGUAL QUE A SUS FAMILIAS.

    A TODOS AQUELLOS QUE LO RECIBIMOS YO EN LO PARTICULAR ME SIENTO MUY BENDECIDA.

    DIOS LES BENDIGA

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