Guerra Espiritual – La Derrota de Satanás 2

 

Continuemos.

Satanás había matado impunemente a millones de personas antes de entonces, porque tenía dere­cho sobre ellas. Cuando el que tenía el poder de la muerte lo ejercía sobre otros, sólo estaba haciendo lo que quería con aquello que era suyo. Ya que el propietario de un esclavo tiene un derecho legal sobre toda la descendencia de aquél, Satanás lo tenía sobre todos los hijos de Adán y podía hacer con ellos lo que le apeteciera. Pero el que poseía el poder de la muerte y lo había ejercido sobre millo­nes de sus desvalidos esclavos, ahora cometió el más craso error de su carrera de siglos.

En su deses­perado esfuerzo por obligar a Jesús a romper con su Padre celestial, mató a un Hombre inocente: Uno sobre quien no tenía derecho; y al hacerlo, trajo sobre sí la pena de muerte, se destruyó a sí mismo. Esto es lo que quiere decir el autor de la carta a los Hebreos cuando expresa: «Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo» (2:14).

Esto quiere decir que cuando Satanás mató al inocente Hijo de Dios, se destruyó a sí mismo. No tiene otro significado que no sea que el diablo está ahora destruido, no aniquilado, sino destruido. Todos los derechos legales que consiguió tener sobre la tierra y el hombre mediante la caída de Adán han quedado completamente anulados; desde la cruz, no tiene absolutamente ningún derecho sobre nadie ni sobre cosa alguna. Esto quiere decir que todo el poder que ejerce ahora, lo ejerce mediante el engaño.

Esta es la base de la declaración de Jesús en Mateo 28:18: «Toda potestad (autoridad) me es dada en el cielo y en la tierra»; como también de su delegación de dicha autoridad en Lucas 10:19: «He aquí os doy potestad (autoridad) de hollar serpien­tes y escorpiones (demonios), y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará».

 

Satanás en Libertad. 

Si todo esto es cierto, si Satanás está verdadera­mente destruido, ¿por qué continúa a cargo de al­gunas cosas? ¿Cuál es la razón de que casi todo pa­rezca estar bajo su control?

¿Por qué tenemos la impresión de que el diablo es el agente regulador de la vida humana y de los asuntos de los hombres? Se está saliendo con la suya casi en todo. Si está des­truido, si todos sus derechos han sido cancelados, entonces, ¿por qué sucede esto?

Muchos de nosotros hemos cavilado acerca de si el Calvario fue realmente una victoria o una derro­ta. A la mente humana le parece como si todo estu­viera dominado por Satanás. No podemos reconci­liar la enseñanza de que Cristo es vencedor con lo que vemos suceder a nuestro alrededor.

El sentido común y el realismo hacen surgir la desagradable sospecha de que la supremacía de Cristo en el uni­verso es un fraude o un mito gigantesco. Si Jesús destruyó de verdad a Satanás sobre la cruz, si el Calvario es realmente una victoria, ¿por qué no vemos más evidencia de ello en la vida humana y los asuntos del mundo?

La respuesta es: Legalmente, el Calvario fue la ruina completa de Satanás, la cruz destruyó por completo al diablo. Todos sus derechos quedaron cancelados cuando envió a Jesús a la cruz y el Señor murió allí. Pero como cualquier otra transac­ción legal, la victoria legal del Calvario necesita ser impuesta.

Podemos ilustrarlo de esta manera: En el go­bierno de la mayoría de los países hay tres poderes: el legislativo, que es el congreso, aprueba las leyes; el judicial, que son los tribunales, las interpreta; y el ejecutivo, dirigido por el presidente, tiene a su cargo la responsabilidad de imponerlas.

El poder legislativo nunca impone la ley, ni tampoco el judi­cial; esto es solamente responsabilidad del órgano ejecutivo. Si el ejecutivo no impone los estatutos, éstos se convierten en letra muerta. Sin importar lo legal que pueda ser una medida, o cuán constitucionalmente haya sido interpretada por el tribunal; a menos que el poder ejecutivo imponga la ley, ésta queda completamente nula; es exactamente igual como si no fuera una medida legal.

Veamos el asunto de la destrucción legal de Sa­tanás. El Calvario fue verdaderamente una victoria que destruyó en realidad todos los derechos legales del diablo. Allí no falta nada; pero la imposición de la victoria del Calvario fue puesta en las manos de la iglesia, el cuerpo de muchos miembros de Cristo sobre la tierra. Este cuerpo, con manos y pies, es el que lleva a cabo las órdenes de la cabeza (Cristo); si el cuerpo no responde, la voluntad de dicha cabeza llega a ser letra muerta.

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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