Tu esposa es como un automóvil. Quizá requiera mucho mantenimiento al igual que un auto deportivo italiano. Tal vez sea tan refinada y cara como un sedán de lujo alemán. Podría  ser tan sólida y fuerte como un vehículo de uso deportivo, o tan delicada como un auto de exhibición. Puede que sea como la clase eficiente de seis cilindros, o como un modelo V-8 que es mucho más rápido, pero también más caro. Quizás sea como un modelo de tracción en las cuatro lindas del que puedes confiar en toda clase de intemperie, o pue­de carecer de todo tipo de control de tracción al ir cuesta abajo, hasta en el mejor de los días. Cualquier cosa que sea diminuta como un auto compacto o de tamaño grande o todavía mayor, necesita combustible para correr suavemente.

El espíritu de tu esposa es el combustible en su auto. Tal vez tenga el mejor chasis en el mercado, un hermoso interior, una apariencia fabulosa, un motor que ronronea como un dulce gatito, mi asiento trasero maravilloso, un maletero espacioso y todos los ni cosorios necesarios, pero si no tiene combustible no podrá correr. Su exterior seguirá viéndose muy bien, pero su fuente de poder se Verá disminuida. Y no solo debe tener el tanque lleno, también hay que cargar su batería, hay que mantener el aceite limpio, hay que llenar el líquido del freno, y sí, ella debe tener un buen suministro de solución anticongelante para esas noches frías.

A todos se nos acaba el combustible sin la diaria plenitud del Espíritu Santo. En este mismo momento tu esposa podría estar corriendo sin combustible, y ni cuenta se ha dado. Algunas mujeres nunca se detienen a verificar sus indicadores de medidas y quedan completamente sorprendidas cuando de pronto se les acaba el combustible. Si cada día una mujer no invierte suficiente tiempo ante el Señor, en oración, adoración y en la Palabra de Dios, per­derá terreno y el enemigo de su alma la inutilizará. Es posible que tu esposa tenga la suficiente solidez en la Palabra de Dios para no dudar de su salvación, o de Su promesa de vida eterna, o de Su gracia y bondad. Pero Satanás podría lograr que ella comience a dudar que Dios la creó con valiosos dones y un llamado personal. O podría enfrentar esos momentos en que comienza a cuestionar si en realidad todas las cosas obran para bien. Cuando experimenta este tipo de ataque, algo que todas las mujeres experimentan en algún momento, sus fuerzas se verán reducidas. A causa de los in­cesantes ataques del enemigo, muchas mujeres pueden sufrir ero­sión física, emocional y mental, sin percatarse de lo que verdadera­mente les está sucediendo. Y el proceso del matrimonio se ve afec­tado. La relación de tu esposa con Dios afectará más que ninguna otra cosa su relación contigo.

Extracto del libro “El Poder del Esposo Que Ora”

Por Stormie Omartian

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