Hombres Cristianos – Las Prioridades de tu Esposa 1

 

A tu esposa siempre la están juzgando. O por lo menos así se siente con frecuencia. De acuerdo con la ley no escrita del universo, a ella la juzga­rán de acuerdo con el buen comportamiento, desempeño, éxito en los estudios y lo que lograron hacer los hijos con sus vidas. La juz­garán en silencio si no es una persona activa en la iglesia, en la es­cuela, en el vecindario y en la comunidad. La sociedad la hace res­ponsable, y emitirá juicio, en cuanto a la apariencia del interior de su casa, aunque la evidencia de que siempre se vio igual solo sean rumo­res. (La culpa por el aspecto exterior de la casa te la atribuyen a ti).

Si ella trabaja fuera de la casa, esto complica aún más las cosas, ya que existe una ordenanza no escrita la cual dice que por el resto de su vida debe informar que su empleo tiene prioridad. Y por en­cima de todo, se le exigirá la responsabilidad de ser una gran espo­sa, una gran madre, una gran hija, una gran amiga y vecina. Y si fracasa en tan solo uno de estos papeles mencionados, se le enjuiciará y juzgará basándose en la evidencia circunstancial y por un jurado no muy imparcial. Durante todo el tiempo que invierte en una de estas prioridades, a ella le preocupa si no será imprudente poniendo en peligro a los demás. A veces siente que a diario tiene que probar su inocencia, o de otro modo declararse culpable y sufrir las consecuencias.

No ayuda para nada tener siempre al acusador de su alma presentando testigos expertos de su fracaso. Parecería que se acep­tan todas las acusaciones en contra de ella y se le niegan cada una de sus objeciones. La batalla que se libra en su mente es despiada­da. Los cargos en su contra se presentan de tal manera que hasta duelen. Todas las infracciones por las cuales se le acusa parecen ser demasiado pequeñas para merecer un castigo tan severo. Después de todo, ella solo intenta hacer lo mejor. ¿Por qué nunca parece ser suficiente?

La sociedad espera mucho de las mujeres; también espera mu­cho de los hombres, pero de forma diferente. Los hombres, por ejemplo, tienen más presión que las mujeres en cuanto a sostener a sus familias. Una mujer puede ayudar a sostener a su familia, pero a la larga no se espera que sea ella quien lo haga. Y aunque una mujer sea la única que sostenga la familia, nadie pensará mal de ella si no gana mucho dinero o si no recibe una promoción, o si no logra alcanzar el éxito en su campo. A un hombre no se le per­mite tal flexibilidad. Pero no importa cuál sea la contribución de una mujer al ingreso de su familia, ni si es la única que está traba­jando mientras que su esposo permanece en casa con los chicos, a ella se le considerará responsable si sus hijos no se comportan como es debido, social y académicamente.

En ocasiones, tal vez tu esposa sienta la presión de tantas ex­pectativas a la vez, que la harán sentirse sobreabrumada, y esto le restará eficiencia para cumplir con lo que debe. Hasta podría desa­nimarse y sufrir un cortocircuito. Entender todo esto puede servir­te de ayuda a la hora de orar por ella.

Otra de esas grandes presiones que recae sobre la mujer es la de crear y mantener un hogar que sea un refugio acogedor, pla­centero, limpio, atractivo y amoroso para su familia. Un hombre podría estar activamente involucrado en construir un buen lugar donde vivir, pero no se sentirá que lo juzgan por eso como le suce­de a la mujer. Y cuando una mujer se siente insegura en cuanto a su habilidad de crear un ambiente hogareño que sea cómodo y acogedor, o tiene poco tiempo y finanzas para hacerlo, el hogar se convierte entonces en una fuente de eterna presión.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder del Esposo Que Ora”

Por Stormie Omartian

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