Devocionales Cristianos – La Oración, Un Privilegio Sagrado 1

 

 

La palabra «oración» expresa el más amplio y comprensivo acercamiento a Dios. Da prominencia al elemento de la devoción; es una estrecha relación y auténtica comunión con Él, disfrutar de Dios y tener acceso a Él.

Por su parte, la «súplica» es una forma más estricta e intensa de oración, acompañada por un sentido de necesidad personal, limitada a buscar de una manera urgente una respuesta para la necesidad apremiante; la misma alma de la oración que ruega por alguna cosa muy necesaria que pesa sobre el corazón.

Y la «intercesión» es una ampliación en la oración, un extenderse de sí mismo hacia los demás. Se basa en la confianza e influencia del alma que se acerca a Dios, ilimitada en su acceso y sus peticiones. Y esta confianza e influencia ha de ser usada en favor de los demás.

Lo que está claro es que la oración es siempre un acercamiento a Dios, el Padre. En la oración universal modelo de todas las otras oraciones, las primeras palabras son:

«Padre nuestro, que estás en los Cielos» (Mt.6:9; Lc.11:2). Junto a la tumba de Lázaro, el Señor Jesús levantó sus ojos y dijo: «Padre» (Juna 11:41). En su oración sacerdotal Jesús «levantó también sus ojos al Cielo y llamó al Padre” (Jn.17:1). Porque la oración de nuestro Señor era personal, familiar y paternal. Además, era definida, fuerte y poderosa.

Leed estas palabras del autor  de Hebreos: «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente» (Hb.5:7).

Así, que «pedir» y «recibir» para el Señor implicaba una inmediata conexión con Dios. ¡Esto es oración!

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Stg.1:5).

En 1 Juan 5:14-15 tenemos la siguiente declaración acerca de la oración: «Y esta es la confianza que tenemos ante Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

Y en Filipenses 4:6 encontrarnos estas palabras con respecto a la oración: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias».

¿Cuál es, pues, la voluntad de Dios en cuanto a la oración?

Primeramente, es su voluntad que nosotros, sus hijos, oremos. El Señor Jesucristo dijo que los hombres debían «orar siempre y no desmayar» (Lc.18:1).

Asimismo, Pablo escribió al joven Timoteo acerca de las primeras cosas que el pueblo de Dios había de hacer, y en primer término colocó la oración: «Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres (1 Ti.2:1).

En conexión con estas palabras, el mismo apóstol declaró que la voluntad de Dios y la redención y mediación del Señor  Jesucristo para la salvación de todos los  hombres están involucradas de forma vital en la oración.

Y es que la oración es un complemento que coopera con la voluntad de Dios, cuya soberanía corre paralela en extensión y poder con la expiación del Señor Jesucristo. Él a través del Espíritu Eterno, y por la gracia de Dios, «gusto la muerte por todos» (Hb.2:9). Igualmente nosotros, a través del Espíritu Eterno, y por la gracia de Dios, debe más orar por todos los hombres.

Pero, ¿cómo sé yo que estoy orando según la voluntad de Dios? Cada actitud verdadera de oración es en respuesta a la voluntad de Dios. Puede ser enseñada por maestros humanos, pero es aceptable ante Dios porque se hace en obediencia a su voluntad. A saber, si obedezco la guía del Espíritu Santo, que me ordena orar, los detalles y las peticiones de esa oración estarán en armonía con la voluntad de Aquel que desea que yo ore.

Vemos, pues, cómo la oración no es un asunto trivial y sin importancia; no involucra los intereses mezquinos de una persona, sino que la oración verdadera que surge de la voluntad de Dios observa todos los intereses, todo el bienestar del hombre y lo mejor para la gloria de Dios. Y el Padre está tan interesado en que los hombres oren que Él mismo ha prometido respondemos de forma definida.

Extracto del libro “Grandes Autores de la Fe.

Lo Mejor de Edward M. Bounds”

Lee La Oración, un Privilegio Sagrado 2

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