Devocionales Cristianos – La Tierra Gobierna al Cielo

 

Pasaje clave: Mateo 18:18-19.

 

¿Qué es característico en este versícu­lo? Su punto peculiar es que la acción de la tierra prece­de a la acción del cielo. No es que el cielo ata primero, sino la Tierra, no es que el cielo desata primero, sino la Tierra. Puesto que la Tierra ya ha atado, el cielo también atará, puesto que la Tierra ya ha desatado, el cielo tam­bién desatará. La acción del cielo está gobernada por la acción de la Tierra. Todo lo que contradice a Dios nece­sita ser atado, y todo lo que está de acuerdo con Dios ne­cesita ser desatado. Cualquiera que sea el asunto que ha­ya de ser atado o desatado, la acción de atar o desatar comienza en la Tierra. La acción de la Tierra precede a la acción del cielo, porque la Tierra gobierna al cielo.

Utilicemos algunos ejemplos del Antiguo Testamento pa­ra ilustrar cómo la Tierra gobierna al cielo. Cuando Moi­sés, en la cumbre del collado, alzaba la mano, Israel pre­valecía; pero cuando bajaba la mano, Amalee prevalecía (Éxodo 17: 19-11). ¿Quién decidía la victoria o la de­rrota de la batalla que se libraba al pie del collado? ¿Era Dios el que la determinaba o era Moisés? Aquí vemos el principio de acuerdo con el cual Dios obra, el secreto de su acción: cualquier cosa que Él quiera, si el hombre no la quiere, Él no la hará.

No podemos hacer que Dios ha­ga lo que Él no quiere hacer, pero podemos impedirle que haga lo sí quiere hacer. En el cielo, el asunto es decidido por Dios, pero delante de los hombres es decidido por Moisés. En el cielo, Dios quiere que los hijos de Israel ga­nen; sin embargo, en la tierra, si Moisés no sostiene su mano arriba, Israel será derrotado; pero si la sostiene, Is­rael ganará. La tierra gobierna al cielo.

«Así ha dicho Jehová el Señor: Aún seré solicitado por la ca­sa de Israel, para hacerles esto; multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños» (Ezequiel 36:37). Dios tiene el propósito de aumentar el número de la casa de Israel como se multiplican los rebaños. Los que no cono­cen a Dios dirán que si Él quiere multiplicar la casa de Israel como un rebaño, ¿por qué simplemente no la mul­tiplica, pues quién puede oponerse a Él? Pero aquí tene­mos el principio que Dios declara: que si la casa de Israel le solicita que haga eso, lo hará para ellos. El principio es inequívoco: Dios tiene un propósito ya determinado, pero Él no lo llevará a cabo inmediatamente, hasta que se lo pida la casa de Israel. Él quiere que la Tierra go­bierne al cielo.

Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: «Pre­guntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos» (Isaías 45:11). Es­ta es una declaración sumamente asombrosa.

¿Nos sorprendemos? Con respecto a sus hijos y a su obra, Dios dice: «Mandadme». La gente no se atreve a pronunciar esta palabra: «mandadme», porque ¿cómo puede un hombre jamás mandar a Dios? Todos los que lo conocen comprenden que ninguna palabra presun­tuosa debe pronunciarse jamás delante de Dios. Sin em­bargo, Él mismo nos ofrece su palabra: «Mandadme acer­ca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos». Esto no es otra cosa sino que Dios concede que la Tierra gobierne al cielo.

Obviamente, de ningún modo puede esto implicar que podemos forzar a Dios a que haga lo que no quiere hacer; de ninguna manera. Más bien significa simplemente, que podemos mandarle que haga lo que Él desea hacer. Y so­bre esta base nos afirmaremos. Por el hecho de conocer la voluntad de Dios, podemos decirle: «Dios, queremos que tú hagas esto, estamos determinados a que lo hagas, tú no puedes menos que hacerlo». Y así nuestra oración será fuerte y poderosa. ¡Cuánto necesitamos pedirle a Dios que nos abra los ojos para que podamos comprender có­mo se realiza su obra en esta dispensación! Porque du­rante esta era presente, todas las obras de Dios se basan en este principio: el cielo desea hacer, pero no actuará de inmediato; espera que la Tierra haga primero, para luego actuar. Aunque la tierra está en segundo lugar, sin embar­go, también le corresponde el primero.

El cielo sólo se moverá después que la Tierra se haya mo­vido. Porque Dios quiere que la Tierra gobierne al cielo.

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

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