La Oración – Viva en Grande Para Dios 1

 

 

¡Oh, si… ensancharas mi territorio! (1º Crónicas 4:10).

En la parte que sigue de la oración de Jabes, una súplica por más territorio, usted pide a Dios que ensanche su vida de tal manera que se pueda con­vertir en algo de un impacto mayor para El.

Si se parte tanto del contexto como de los resultados de la oración de Jabes, podemos ver que en su petición hubo más que un simple deseo de aumentar su tierra. Qui­so más influencia, más responsabilidad y más oportunida­des para distinguirse en el servicio del Dios de Israel.

Según la versión que usted lea, el término territorio puede referirse a costas o fronteras. Para Jabes y sus con­temporáneos la palabra tuvo el mismo poder emocional que se encuentra en los vocablos nuevos territorios o fron­tera en el caso de las generaciones de los pioneros esta­dounidenses. Lo cual se refería a un lugar propio, con espacio suficiente como para desarrollarse y crecer.

En la época de Jabes parte de la historia nacional con­temporánea de Israel era la conquista de Canaán que hizo Josué y el reparto de la tierra entre las diversas tribus he­breas. Cuando Jabes clamó a Dios: «¡Ensancha mi territo­rio!» miro sus circunstancias presentes y concluyó: «¡Con toda certeza, nací para más que esto!» Como granjero o ganadero, contempló la extensión que heredara de su fa­milia, dejó correr sus ojos por las cercas, visitó las marcas que limitaban su propiedad, calculó las posibilidades, y tomó una decisión: «Oh Señor, todo lo que has puesto bajo mi cuidado, tómalo y ensánchalo».

Si Jabes hubiese trabajado con la Bolsa de Valores, podría haber hecho esta plegaria: «Señor, te ruego que aumentes el valor de mis inversiones». Cuando me dirijo a presidentes de compañías, con frecuencia menciono este tipo particular de actitud mental. Si los ejecutivos cristianos me preguntan: «¿Es correcto que le pida a Dios que aumente mis negocios?» Mi respuesta es: «¡Naturalmente! ¡Claro que sí!» Si usted los hace en los caminos de Dios, no solo es correcto pedir más, sino que Él espera que usted lo haga. Su negocio es el territorio que Dios le ha confiado. Quiere que lo acepte como una oportunidad significativa para tocar la vida personas y negocios de la comunidad y de todo el mundo para su gloria. Pedirle que ensanche esa oportunidad solo le produce deleite.

Supongamos que Jabes hubiese sido una esposa y ma­dre. Entonces su oración podría haber sido: «Señor, au­menta mi descendencia, favorece mis relaciones claves, multiplica para tu gloria la influencia que los míos puedan tener». El hogar de cada uno de nosotros es el lugar más poderoso en la tierra donde podemos cambiar una vida para Dios. ¿Por qué no querría Él que usted fuese podero­so para Él?

Sin importar cuál sea su vocación, la forma más efec­tiva de oración de Jabes a fin de pedir más territorio, po­dría decirse de la siguiente forma: “Oh Dios y Rey mío, por favor, te ruego que aumentes mis oportunidades en tal forma que pueda tocar más vidas para tu gloria. ¡Déjame hacer más para ti!”.

Cuando ore de esta manera, todo será más emocionante.

 

Mueva los Límites de Sus Fronteras.

Hace varios años en un curso de una serie de conferencias sobre metas y responsabilidades en una gran universidad cristiana en California, desafié a los estudiantes a orar la oración de Jabes para que pidieran más bendiciones y mayores influencias. Sugerí que el cuerpo estudiantil de 2000 miembros se fijara un objetivo ministerial digno de la capacidad de esa universidad. Les sugerí: «Miren el mapamundi y elijan una isla. Cuando la hayan escogido, reúnan un equipo de estudian­tes, en una aerolínea alquilen un avión para un vuelo pri­vado, y luego vayan a la isla y tómenla para Dios».

Unos pocos estudiantes se rieron a carcajadas. Otros cuestionaron mi integridad mental. Pero la gran mayoría escuchó atentamente. Yo persistí. Como conocía la isla de Trinidad y había visto sus necesidades, les dije: «Pídanle a Dios que les dé la isla Trinidad», y agregué: «Y también un avión DC-10». Sin embargo, no conseguí seguidores inmediatos.

Con todo, el desafío provocó una buena cantidad de conversaciones estimulantes. Encontré que aunque casi todos los muchachos estaban ansiosos por hacer algo que fuese significativo con su tiempo y sus ta­lentos, no estaban muy seguros de por dónde debían co­menzar. Por lo general dedicaban buena parte de su tiempo a hacer una lista de sus deficiencias en habilidad, dinero, valor y oportunidades.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Oración de Jabes”

Por Bruce Wilkinson

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