OVEJAS DE SU PRADO

Muchos líderes y pastores vivimos sumamente desubicados en el tema de la propiedad y la autoridad. Como enseña John Maxwell, con quien he tenido la oportunidad de trabajar de cerca, liderazgo es sinónimo de influencia, y sea que tengamos el rol de pastor o estemos en una posición de liderazgo, lo que nos toca desde una perspectiva cristiana es influenciar a las personas como quiere el Señor.

Por eso, asumimos un papel indebido en cuanto a lo que podemos o no decidir en las vidas de las ovejas si intentamos manipularlas a nuestra conveniencia. Primero, recordemos que no somos dueños de las ovejas. Jehová lo es. El salmo 24 dice: «De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan» (énfasis añadido). Todo le pertenece a Él. En el salmo 100.3 leemos: «Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado» (énfasis añadido). En estos pasajes constatamos que no somos dueños de las ovejas ni de la tierra donde se recuestan ni del pasto que comen. Todo, absolutamente todo, le pertenece al Señor. Nosotros solo somos administradores de aquello que le pertenece a Él. En ese sentido, tenemos autoridad y responsabilidad limitada en cuanto a las decisiones que podamos tomar en relación a la vida de las ovejas que nos ha encomendado. Nunca debemos olvidar que al final de cuentas, el dueño de las vidas de aquellos que amamos y cuidamos es Jehová. Los mejores líderes cristianos nunca olvidan esta premisa tan básica y fundamental.

LO QUE NOS TOCA DESDE UNA PERSPECTIVA CRISTIANA ES INFLUENCIAR A LAS PERSONAS COMO QUIERE EL SEÑOR.

Liderar es un privilegio y no un derecho. Piense en esa afirmación por unos segundos. Cópiela en algún lado y hasta le recomiendo hacer con ella un pequeño cuadro para poner en su oficina.

Ahora sigamos. Cuando tenemos la oportunidad de ser agentes de la dimensión espiritual y catalizadores de la obra de Dios en la vida de otras personas, tenemos que admitir que es una gracia que podamos ser instrumentos del amor de Dios. Por esa razón, me da mucha tristeza cuando veo a líderes operar con una autoridad excesiva, incluso hasta abusiva, sobre las ovejas, y me da pena por ellos al observar que simple y sencillamente no entienden su papel como pastores terrenales en las vidas de personas que no les pertenecen. Igualmente, me da mucha pena por las ovejas que están siendo sometidas a una autoridad incorrecta y desmesurada, viviendo como esclavas ante este líder o pastor que no entiende que su autoridad no es absoluta sobre sus vidas. Viven con un temor a lo que el líder dirá u opinará sobre cada cosa que hagan. Viven esclavas de las órdenes, los pensamientos, las opiniones y decisiones de una persona desubicada que no entiende la naturaleza llena de gracia de su rol.

A los líderes cristianos nunca se nos debe olvidar que somos solamente mayordomos (2 Corintios 5.10).

Igualmente, a la oveja nunca se le debe olvidar que su pastor es Jehová. En ese delicado y correcto balance, podemos ser de bendición el uno para el otro y vivir gozosos, descubriendo todos los pastos delicados que nuestro pastor Jehová ha preparado para nosotros. Como pastores, qué alegría es llevar a las ovejas a esos pastos, provistos por nuestro Señor. Como ovejas, es un deleite gozar de los pastos delicados y las aguas de reposo que nuestro pastor terrenal nos ha ayudado a descubrir bajo la guía, la tutela, la autoridad y el cuidado de Jehová, el Pastor de todos los pastores. No nos desubiquemos ni el uno ni el otro. Hay una perfecta armonía y equilibrio en que el pastor terrenal esté sometido al Pastor Principal y que la oveja esté sometida a su pastor terrenal, sabiendo que este vive sometido a Jehová, a quien rendirá cuentas como dueño único de todas las cosas. Mantener esa sincronía es un arte que consiste en estarnos recordando constantemente quiénes somos en relación con aquellos que nos siguen y que han encomendado su cuidado espiritual en nuestras manos. Es un constante y diario ejercicio de humillación ante Jehová, el Pastor. Es una entrega diaria de nuestros pensamientos, nuestras opiniones y decisiones al Pastor de pastores.

Debemos vivir abiertos a la posibilidad de que Él cambie nuestros planes y los reoriente de la manera que a Él mejor le parezca. Es un ejercicio continuo y diario de humillación y sometimiento para ser mejores mayordomos del don que ha sido depositado en nuestras manos.

Extracto del libro “Los 8 Hábitos de los Mejores Líderes”

Por Marcos Witt

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