Por último, el buen navegante viaja con las personas que conduce. No dirige para luego marcharse. Viaja junto con su pueblo como amigo. Richard Exley, autor y conferencista, explicó su idea acerca de la amistad de esta manera: «Un verdadero amigo es alguien que escucha y entiende cuando usted expresa sus sentimientos más profundos. Lo apoya cuando lucha; lo corrige, gentilmente y con amor, cuando yerra; y lo perdona cuando fracasa. Un verdadero amigo lo impulsa al crecimiento personal, lo estira para que alcance todo su potencial. Y lo más sorprendente es que celebra sus éxitos como si fueran propios».

A medida que se una con algunas de las personas que influye y las guía, podrían experimentar momentos difíciles. Usted no será perfecto ni tampoco lo serán ellos, pero recuerde las palabras de Henry Ford: «Su mejor amigo es aquel que le saca lo mejor». Esfuércese por seguir ese objetivo, y ayudará a muchas personas.

Una vez que ellas aprendan a convertirse en solucionadores efectivos de problemas y puedan navegar por su cuenta, sus vidas comienzan a cambiar dramáticamente. Ya no se sienten indefensos ante las difíciles circunstancias de la vida. Pueden aprender a resistir los embates, y hasta evitar algunos. Y una vez que la solución de problemas se convierta en un hábito, ningún desafío parecerá demasiado grande.

Jim es un excelente pensador y solucionador de problemas. Ha navegado a través de algunas situaciones bastante interesantes durante los años. Hace poco, recordó una historia que indudablemente disfrutará:

Hace un par de años, mientras Nancy y yo dirigíamos un seminario de negocios en un enorme crucero por el Caribe, nos llamaron a una importante reunión de negocios en Michigan. No tuvimos problemas para llegar allí porque se hicieron los arreglos para que nos recogieran en un avión privado en el aeropuerto de San Juan, Puerto Rico. Pero salir de Michigan y regresar fue otro cantar.

Nuestro plan era regresar en el mismo avión al día siguiente y encontrarnos con el barco en el puerto próximo. De allí la nave regresaría a Miami, y podríamos continuar enseñando nuestro seminario. Pero al salir, en Michigan, nuestro avión tuvo un problema y hubo que regresar al hangar. Eso nos causó un serio problema. No había vuelos comerciales para nuestro destino, ni aviones privados con suficiente alcance como para llevarnos a San Martín, que dista unos 2400 kilómetros de la costa de Florida.

Perder el seminario simplemente no era una opción para nosotros, así que indagamos otras posibilidades. Lo mejor que podíamos hacer era tomar un avión privado hasta Atlanta y arreglárnoslas para encontrar otro que nos llevara el resto del camino. Cuando aterrizamos en Atlanta, ya teníamos los arreglos para tomar otro avión, que estaba listo y esperando por nosotros. Tan pronto como nuestra nave se detuvo, recogimos nuestras cosas y salimos disparados para el otro avión. Puede imaginarse lo aliviados que nos sentimos al entrar y despegar.

No pasó mucho tiempo sin que nos percatáramos de que nuestro vuelo llegaría a la isla exactamente quince minutos después de la hora programada para la salida de la embarcación. «Tenemos que comunicarnos con ellos para retrasar la partida» dije.

Extracto del libro “Seamos Personas de Influencia”

Por John C. Maxwell

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

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