Ayudar a las personas a ampliarse y desarrollar su potencial facilita que avancen a todo un nuevo nivel de vida. Pero no importa cuánto crezcan y aprendan, aún han de enfrentar obstáculos. Cometerán errores. Enfrentarán problemas en lo personal y lo profesional. Y circunstancias que no podrán sobrepasar sin alguna ayuda. John relata un momento cuando decidió ayudar a todo un grupo de pasajeros aéreos a pasar juntos un día difícil:

Viajo mucho debido a las conferencias que ofrezco a través del país, y a veces eso lleva a situaciones extraordinarias. Recuerdo una noche en particular cuando estaba en el aeropuerto en Charlotte, Carolina del Norte, preparándome para volar a Indianápolis, Indiana. Estuve en el teléfono hasta el último minuto, salí disparado a la puerta de salida y me encontré con Dick Peterson, presidente de INJOY, esperando meternos corriendo al avión justo antes de que cerraran las puertas. Pero para mi sorpresa, en el área de espera había unas cincuenta o sesenta personas lamentándose.

Miré a Dick y le pregunté: —¿Qué pasa?

—Bueno—dijo Dick—, parece que no saldremos por un buen tiempo.

—¿Cuál es el problema?—acoté.

—No sé—respondió.

Así que me acerqué y me dirigí al agente en la puerta de salida, y me dijo: —Los asistentes de vuelo no han llegado aún, y no podemos permitir que nadie suba hasta que lleguen.

Entonces anunció lo mismo por el sistema de comunicaciones; pude ver a todos en la sala de espera decepcionados. Se veían miserables.

Miré a Dick, y le dije: —¿Sabes?, veamos si podemos ayudar a estas personas.

Así que me acerqué a la cafetería más cercana, y le dije a la mujer que estaba allí, llamada Denise: —Por favor, quiero 60 coca colas.

Atónita por un momento, al fin dijo: —¿Quiere 60?

Entonces le expliqué: —Hay un montón de pasajeros decepcionados en la próxima puerta de salida, y necesitan algo que les levante la moral.

—¿No bromea? ¿Va a comprarle una a todos?—preguntó.

—Así es.

Guardó silencio un momento, y dijo: —¿Puedo ayudar?

Ella, Dick, y yo les llevamos las bebidas a las personas en la puerta de salida, y pude ver que no estaban seguros de lo que pasaba. Así que dije: —Su atención, por favor. Mi nombre es John Maxwell. Como no vamos salir antes de 30 o 45 minutos, me parece que al menos podría ofrecerles algo de beber. Yo pago.

Comencé a repartir las bebidas, aunque sabía que me veían raro. Así pensó el personal de la aerolínea. Pero después de un rato comencé a relacionarme con ellos, y cuando se enteraron que las aeromozas estaban en la pista y pronto llegarían a la puerta de salida, al fin pude convencerlos de que nos metieran en el avión.

Tan pronto como todos entramos al avión, vi una enorme canasta con maní, barras de granola, y dulces en el pasillo, y pensé: Oye, deben comerse algo con esa coca cola. Así que pasé por el pasillo repartiendo las golosinas. En solo cinco minutos les serví a todos algo de comer, y bebían sus cocas. Más o menos en ese momento llegó apurado el personal de vuelo. Se disculparon mucho. De inmediato dijeron, a través del sistema de comunicación del avión: «Damas y caballeros, comenzaremos ahora mismo. Tan pronto podamos vamos a empezar el servicio de bebidas».

Bueno, se escucharon muchas risas y murmullos en la cabina, y una de las aeromozas le dijo a la otra: —¿Qué está pasando?

—Hola, mi nombre es John—dije—. Ahora no les preocupa mucho el servicio. Ya les di algo de tomar y unas golosinas para comer. En verdad, ¿le molestaría que me dirija a todos por un momento?

Se echaron a reír y dijeron: —Seguro. ¿Por qué no?

Mientras salíamos de la pista, me dejaron hablar.

—Hola—dije—, este es su amigo, John Maxwell. Por favor abróchense los cinturones. Vamos a despejar en unos momentos, y tan pronto estemos en el aire, volveré a servirles.

La pasamos muy bien en ese viaje. Hablé con todos y ayudé a servir las bebidas.

Extracto del libro “Seamos Personas de Influencia”

Por John C. Maxwell

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