MINISTERIO DE CONSEJERÍA

En ocasiones tenemos que ayudar a las personas de manera más profunda y continua. Su situación no es algo solucionable a corto plazo. Para ello podemos ofrecer consejería. Este ministerio requiere personas altamente capacitadas. Quizás más que cualquiera de los otros que he mencionado debido a la naturaleza delicada en la que hay que llevar la consejería. De hecho, en algunos países existen leyes que rigen cómo una iglesia puede o no participar en la consejería de las personas. Es importante que como pastores conozcamos estas leyes y nos aseguremos de que nuestros equipos ministeriales las estén acatando al pie de la letra, para evitar cualquier sanción, escándalo o tropiezo legal desafortunado. Es importante poner a las personas correctas en cada ministerio, pero seamos aun más cuidadosos en este. Debemos colocar a personas de mucha experiencia, sabiduría y madurez ministerial, además de haber recibido el necesario entrenamiento específico en el área de la consejería.

EL ESPÍRITU SANTO ESTÁ CONSTANTEMENTE BUSCANDO A QUIENES CONSOLAR.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA CONSOLAR

  1. No hable tanto. Deje que el Espíritu Santo hable. Una vez escuché a una persona decir: «Hablo más de lo que explico». Es tan cierto que muchas veces decimos palabras de más. En este hermoso ministerio es importante que nuestro abrazo hable y no nuestra boca. Permita que su presencia hable fuerte, al igual que su sonrisa. En cierta ocasión llegué a un triste funeral, ya que se trataba de una familia que enterraba a su hijo. Estos funerales son más difíciles que otros porque que los hijos mueran antes que los padres pareciera ser el orden contrario al orden normal de la naturaleza. El orden natural es que los hijos enterremos a los padres, no al revés. Eso hace que el dolor en estos funerales sea aun más intenso. Cuando entré al salón donde se velaba el cuerpo del hijo, la mamá exclamó en voz alta, tanto que la escucharon todos los presentes: «Ya llegó el pastor. Todo va a estar bien». Yo aún no había dicho una sola palabra, ni siquiera había entregado el pésame, ni orado una sola frase. Mi sola presencia le trajo el consuelo necesario a esa madre, de tal manera que se sintió mejor. Solo tuve que estar. Cabe mencionar que no hablé mucho ese día. Me senté al lado de esa familia dolida y lloré con ellos, y permití que sintieran en mí al Consolador, el Espíritu Santo que mora dentro de mí y que también mora dentro de usted.

¿QUIÉN DE NOSOTROS NO HA NECESITADO CONSUELO ALGUNA VEZ?

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

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