ESE PRÍNCIPE QUE AHORA ES SAPO

Hay que conocer la manera en que se comunican los hombres para poder entender todo lo que le sucede a ese hombre que pasó de ser nuestro príncipe azul, un rey, a ser un hombre que no sólo no es rey, sino que no tiene ni corona, ni reino, ni palabras, ni gestos, ni _________ (esta parte escríbela tú).

«Mujeres presentes, hombres ausentes».

Jamás abordaron conversaciones serias, ni lo van a hacer, porque no les interesa. Así vemos a hombres que prefieren retraerse y que sea la mujer quien se ocupe de las cosas serias, de los chicos, de la escuela, de los impuestos. Tú quieres que él también se comprometa, pero él te dirá que eres tú la que sabes más de esos temas. También están los bromistas, que nunca hablan profundamente de nada y así evitan asumir cualquier compromiso.

«Estoy muy cansado».

Pierden la creatividad, envueltos en un aplastante acostumbramiento. Todo debe hacerse igual, las cosas colocadas en los mismos lugares, los muebles dispuestos de la misma manera. Las frases íntimas o conversaciones profundas se convierten en un «¿me pasas el salero?» Ambos seguramente se ven atrapados en la vorágine de una vida llena de ocupaciones. La mujer se hace tiempo para conversar porque quiere y necesita hacerlo, pero su pareja no. Se supone que los hombres cuando se casan perciben las responsabilidades que la sociedad hace recaer sobre sus hombros; en consecuencia, se limitan cada vez más a su trabajo y a triunfar. Otros afirman que se sienten satisfechos con su vida y no ven motivos para cambiar o crecer y por eso se centran en sí mismos.

«Se hace como yo digo».

Participan para mostrar cuánto saben y no les interesa aprender de nadie, queriendo persuadir a todos para que acepten sus ideas e imponer su manera tajante de ver las cosas.

«Es cuando yo quiero y tengo ganas».

Llega la noche y tú no entiendes cómo ese hombre que se pasó la cena mirando Fútbol de Primera ahora tiene ganas de tener intimidad. Y te preguntas «¿de dónde le salen las ganas?», porque de lo único que tú tienes ganas es de matarlo… Preparaste la comida, levantaste la mesa, lavaste todo, hiciste las viandas de tus hijos para el día siguiente y ahora él quiere sexo… y tengo que decirte querida mujer que «es así». Para ellos, las mujeres siempre tenemos que estar dispuestas, es un tema de mentalidad.

Pero como las mujeres nos movemos mucho más por emociones, nos limitamos en las cuestiones del amor con nuestras parejas. Cuando conocimos a nuestra pareja, éramos nosotras también mucho más dulces, más cariñosas, pero tal vez aquellas circunstancias difíciles atravesadas levantaron paredes y coartaron nuestras expresiones de amor (quizás infidelidades, o momentos no superados). Y sucede que a él le pasó lo mismo. Por eso es menos romántico, ya no dice las cosas que te decía, es más frío y se creó una distancia donde se instaló un personaje: el temor.

La sociedad le hizo creer al hombre que si expresaba sus sentimientos con palabras dulces sería considerado débil, por eso ellos no acostumbran a decirlas o expresarlas. Suelen decir: «Si te dije que te amaba cuando nos casamos, ¿para qué repetir lo que ya está sabido?, ¿cuánto hace que estamos juntos?, ¿no ves que trabajo todo el día para que no te falte nada?»

Lo más sencillo para el hombre es acercarse a una mujer, lo más difícil es mejorar esos encuentros. Tal vez las mujeres que sintieron que su pareja ya no daba para más buscaron mil y una maneras de resolver este problema: ir a un terapeuta, buscar ayuda, etcétera. Pero si lo invitas a él a ir, te dirá: «¿para qué vamos a ir, qué te falta, qué más quieres?» Y es que al hombre no le gusta revolver el pasado.

Pero en todo, aun en temas de pareja, debemos ser perseverantes y hablar sobre todo lo que sentimos y pensamos. La vida de una pareja es un proceso; siempre queda mucho por vivir y por aprender juntos. El amor es un proceso y vale la pena atravesarlo juntos. La palabra amor está muy mal usada últimamente, muy vapuleada. Decimos a nuestra pareja «te amo» y después usamos expresiones como «amo este peinado», «¡cómo amo a Boca!», «amo esa ropa», confundiendo el término.

Respecto del matrimonio, Dios dice que «los dos serán una sola carne», con lo que está diciendo que ese amor es mucho más profundo que cualquier otro porque es un amor que incluye el espíritu, el alma y el cuerpo. Y el sexo forma parte de él, es una fiesta y como tal hay que disfrutarlo (no una fiesta de cumpleaños que sucede una vez al año). Cuando tu esposo es tu amigo, tu compañero, existirá entre ambos un compromiso, sueños y metas por lograr juntos, él te hace feliz y tú lo haces feliz. Haz del amor una iniciativa, no esperes que el otro sea el que te diga que tiene ganas de estar contigo, tú también tienes derecho a sentirlo y a pedirlo. ¡Es normal! ¡Nosotras también tenemos ganas!

Dentro de ti hay mucho amor y está en ti soltarlo. Necesitamos saber que, cuando soltamos amor, estamos liberando un poder que vuelve a nuestra vida, que se reproduce y provoca un efecto continuo. El amor es energía, por eso es tan fuerte. Transfórmalo en iniciativa propia y goza, porque al que tiene se le dará más y al que más da, más amor se le añadirá, y más disfrute y más placer y más vida. Cuando amamos soltamos poder sobre la vida del otro y eso es tan fuerte que nos cubre a ambos. ¡Suelta amor!

Extracto del libro Estoy Casada Pero Me Siento Sola

Por Alejandra Stamateas

Lee Estoy Solita, ¿Qué Hago?

2 Comentarios

  1. Buenas tardes, por error perdí la información sobre el estudio de Ruth, que llegó a mi correo, sería posible que me lo reenviara? Muchas gracias,

    Ileana

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