Fisiológicamente las mujeres tenemos los mismos deseos y necesidades que los hombres, pero la mayor complicación está en nuestra mente. Cuando mantenemos una relación sexual despojémonos de todo lo que no pudimos hacer, de lo que nos espera el día de mañana, de los impuestos, de los chicos, del jefe, etcétera. Este momento no es sólo para el hombre sino para nosotras también, sólo que no nos permitimos disfrutarlo.

¿Por qué el cuerpo no coincide con la mente? Muchas veces esto sucede por:

  • Experiencias sexuales negativas en el pasado: abuso, violación, agresión.
  • Pertenecer a familias en las que no se hablaba del tema o por no haberlo hablarlo con las personas adecuadas.
  • Tener un marido agresivo, sucio, desapasionado, que te hace sentir como un objeto, usada.
  • Utilizar el sexo como manipulación, diciéndole al hombre: «Si me das esto (plata, ropa, un sí a algo), te doy sexo; si no me lo das, esta noche no pasa nada» (colocándose la misma mujer como objeto o en un juego mecánico).

Debemos lograr que la mente y el cuerpo coincidan, y digan lo mismo.

C. Él tiene que saber lo que a mí me gusta.

FALSO. El hombre no es adivino y tampoco es el semental que sabe todo. Tal vez no es tan experimentado como dice ser y, aunque lo sea, cada mujer es diferente de las otras. Y ellos necesitan saber qué es lo que a ti te gusta y qué no. De la misma forma ellos deben expresarle a su pareja lo que esperan de ella. Necesitan hablar y comunicarse, entenderse para después amarse

D. El orgasmo simultáneo.

FALSO. Éste es otro concepto erróneo que dice que «la pareja se lleva bien sexualmente cuando los dos llegan al orgasmo en el mismo momento». Éste es un mito.

En una encuesta realizada, se descubrió que sólo el 25%de las mujeres alcanzan el orgasmo a través de la penetración, el 75% necesita estimulación adicional del clítoris, el 11% son anorgásmicas y el 1% son multiorgásmicas (pueden tener varios orgasmos sucesivos). Una mujer puede ser anorgásmica por no conocer que tiene un clítoris y que éste puede ser estimulado, y su esposo no la estimula porque sólo busca el propio placer y no tiene en cuenta sus zonas erógenas. Si a todas estas causas de falta de placer le agregamos el mito del «orgasmo simultáneo», se añadirán más conflictos.

Si en una relación sexual no tuviste un orgasmo, pero te has sentido bien, no importa. Lo cierto es que estuvieron juntos, se abrazaron, se besaron, se acariciaron, se dijeron cosas lindas y el amor seguirá creciendo cada vez más hasta que ambos puedan disfrutar y experimentar todo lo que esperan recibir del otro. Lo importante es estar juntos, conectarse, entenderse y amarse

E. No tengo ganas.

Es común oír: «No tengo ganas de nada, nunca quiero tener relaciones». Ahora bien, puedes hacerte una pregunta y responderte a ti misma: ¿Cuántas cosas hacemos en el día que no tenemos deseos de hacer? Con el sexo pasa igual, aun sin ganas hay que practicarlo, cuanto más se practique nuevos deseos nacerán, hasta el punto en que se convertirá en un hábito. Tu cuerpo va a responder a la cantidad. Es por eso que cuando un médico sexólogo trata parejas que tienen bajo deseo, les da la tarea de aumentar la frecuencia al máximo (¡tarea para el hogar!). La baja de deseo es recuperable aumentando la frecuencia, ya que ésta hace que aumente el deseo.

F. Él no quiere tener más sexo conmigo, no lo atraigo más.

Si el varón que no tiene deseo sexual es joven, debe consultar a un sexólogo, que seguramente solucionará el problema rápidamente. Esto puede suceder por diversas causas: estrés, una medicación que esté tomando, etcétera. Pero si el hombre tiene más de 45 años, es porque el índice de la testosterona baja, entonces el hombre se vuelve un poco más femenino y va perdiendo «el macho» que lo caracterizaba. Necesitamos ambos, mujer y hombre, conocernos más, darnos espacios y tiempos, darnos permiso para equivocarnos y perdonarnos. El deseo sexual nunca muere, podremos tener mayor o menor estrés, puedes estar atravesando la menopausia, podrán venir los calores, el frío, pero el deseo sexual no se altera.

Durante el patriarcado en el que hemos vivido durante años, la mujer solamente podía tener deseo sexual si primero el marido lo tenía, pero hoy sabemos que esto es sólo un patrón cultural y que tú también eres libre y puedes decir que hoy tienes ganas. El deseo sexual es exactamente igual en el varón y en la mujer. Por eso, mujer, ¡tú también puedes vivirlo, sentirlo y quererlo!

Extracto del libro Estoy Casada Pero Me Siento Sola

Por Alejandra Stamateas

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