Continuemos.

Si querés reconstruir una pareja después de que él te fue infiel y te traicionó, tenés que decirte la verdad. Preguntate si estás con ese hombre porque no sabés cómo vas a vivir con tus hijos, porque te conviene, porque no te animás a romper ciertas estructuras, porque te enseñaron que las cosas tenían que ser así, porque tenés miedo a un nuevo escenario, porque te da culpa dejarlo o porque tal vez creas que no vas a volver a formar una nueva pareja. ¿Por qué querés que ese hombre vuelva? Analizá si lo que sentís es amor o es otra cosa, porque para poder reconstruir necesitas hacerlo basándote en la verdad, y no en una mentira.

¿Y qué es «reconstruir»? Reconstruir es que los dos se pongan de acuerdo para ser la única opción del otro. Eso quiere decir que aunque haya otras personas que te deseen, que te amen, vos elegís esa relación de pareja y esa familia que construiste por sobre cualquier otra opción. La construcción de una pareja implica amor, pero también implica un montón de otras cosas. Para construir una pareja hace falta mucho más que amor y vida sexual. Una pareja se forma en un recorrido juntos, con proyectos que van surgiendo, con amistad y simbiosis, con cosas que a los dos les gustan y comparten. Si bien es indispensable, el amor solo no alcanza. Una pareja tampoco se construye con el amor de uno solo. Si el otro no ama, ¿qué clase de pareja puedo hacer? Hay mujeres que aseguran: «Yo me esfuerzo, yo hago, yo le digo, yo me rebajo ante él», ¡pero lo están haciendo solas! Para construir una pareja se necesita del amor de dos, de la amistad, del recorrido, de los proyectos, de la simbiosis. El amor no es un capricho. Tampoco es hacer cualquier cosa para que el otro vuelva.

El amor es una construcción, una historia de vida, un recorrido maravilloso entre dos que todos los días se elijen con seriedad y madurez. Al momento de reconstruir una pareja no tenés que pensar: «Bueno, vamos a volver a ser como éramos antes». ¡Eso es imposible! Reconstruir es tomar lo que tenían más lo que pasó para hacer algo totalmente nuevo. Para eso hay que caminar juntos, buscar estímulos, pedir ayuda, recuperar la confianza, y todo eso se hace por el tiempo transcurrido y por la historia en común. Si una pareja decide reconstruir con honestidad, él tiene que dejar a la mujer con la que fue infiel. Hay muchos casos de mujeres que se conforman con que su pareja esté en su casa y le haya «blanqueado» su infidelidad, aunque permanezca con la otra en la misma situación. ¡Eso no es una pareja, eso no es reconstruir nada! Él tiene que dejar a la otra mujer y no volver a verla nunca más.

Al poner una piedra en una pulidora, la piedra se deshace, pero si en la pulidora se coloca un diamante, el diamante adquiere más brillo, porque el pulido le va sacando las imperfecciones. Eso mismo es lo que ocurre cuando una pareja decide reconstruir su relación con honestidad y no porque les conviene estar juntos, ni por los hijos, ni porque no tienen una casa donde vivir, ni por orgullo o venganza, sino porque realmente aman ese vínculo, el tiempo transcurrido, lo que han concretado, los proyectos, los sueños compartidos. ¡Cuando una pareja decide reconstruir con honestidad lo que se logra es maravilloso!

La Palabra de Dios dice: «Si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo», y que «donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». ¿Qué es ponerse de acuerdo? Pensar lo mismo, llegar a un punto en común, coincidir. Lo que necesitan las parejas que se pelean, que han pasado por una traición, es ponerse de acuerdo, armonizar, tocar juntos una misma sinfonía, acordar por lo menos en algo.

Deuteronomio 32:30 dice: «¿Cómo podría un hombre perseguir a mil si su Roca no los hubiera vendido? ¿Cómo podrían dos hacer huir a diez mil si el Señor no los hubiera entregado?». La Biblia asegura que uno puede perseguir a mil, pero dos pueden hacer huir a diez mil. Si uno puede perseguir a mil, ¿no debería decir que dos pueden hacer huir a dos mil? Es que Dios nunca suma, ¡Él multiplica! Cuando dos armonizan, se ponen de acuerdo aunque sea en un punto y dicen: «¡Esta pareja va a salir adelante!», van a multiplicar todas las bendiciones que vengan sobre su vida y su pareja.

Por Alejandra Stamateas

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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