Hay mujeres que se empecinan en que ese hombre vuelva aunque les haya hecho lo que les haya hecho, porque dicen que lo aman. La realidad es que ellas quieren seguir manteniendo la fachada de familia: «Que él haga lo suyo y salga con las mujeres que quiera, y yo hago lo mío, pero seguimos manteniendo el padre para los hijos, el dinero para la casa, etc.». Eso es como tener un hijo mayor en casa: «Hago la vista gorda» y le permito hacer lo que sea. ¡Eso no es una pareja! Mantener un formato no implica tener una pareja o haber formado una familia. ¡Una pareja es mucho más que el formato!

Otras mujeres dicen: «Yo lo quiero acá porque a mi edad no voy a modificar mi vida. Ya tenemos hijos grandes, ¿qué vamos a hacer? Que el viejo se quede acá, ¿qué va a hacer este hombre afuera? Yo tampoco me voy a ir con otro, así que lo mejor es que sigamos así. Yo lo seguiré aguantando». Estas parejas no son parejas, ya que viven como hermanos. 

Hay otras mujeres que quieren que el hombre se quede con ellas simplemente porque no son flexibles. Son personas rígidas que dicen: «Tiene que estar acá porque eso a mí me trae seguridad. No importa si me traicionó, no importa lo que me haga, él tiene que estar acá». No conciben la vida de otra manera: son todo o nada, y ante la posibilidad de quedarse sin nada, se hacen las tontas y aparentan no saber que su esposo hace años que sale con otra mujer, que tiene una vida paralela. Son mujeres con anteojeras que se hacen las que no ven nada y así mantienen la familia unida. ¡Esto no es amor!

Otras dicen: «Tiene que quedarse conmigo porque yo lo amo», pero se están mintiendo, están siendo manipuladas. Dicen: «Él me asegura que no me va a engañar más, que no está saliendo con ninguna mujer, y yo le quiero creer». Las mujeres somos crédulas. A veces esto es muy bueno, porque somos las primeras en creerle al Señor, pero otras veces la credulidad no lleva a caer en la manipulación. El manipulador manipula hasta que logra lo que quiere. Una vez que logró lo que quería, se muestra como es, es decir, ya no manipula más. Una vez que te «enganchó» él va a ser como realmente es, o sea, no te puede mentir por mucho tiempo. Los manipuladores son muy superficiales: una vez que consiguieron el objetivo abandonan el personaje. La mujer se pregunta: «¿Cómo es posible? Estuvimos ocho meses juntos, me fue fiel, me dijo que me amaba, nos casamos y de un día para otro se va con otra…».

Lo que ocurrió es que él ya consiguió su objetivo (que podía ser tenerte a vos, que le dijeras que sí, que le des dinero, o tal vez, necesitaba un lugar donde vivir y entonces se metió en tu departamento), por lo que ahora se muestra tal como es.

Ella dice: «¡Pero yo lo sigo amando!», sin embargo, lo que ama es la imagen que él había construido y que sostuvo durante esos ocho meses. La mujer quedó enganchada en ese idilio, en esa fachada mentirosa, amado a alguien que ya no existe e intentando formarlo a esa imagen y lograr lo que nadie logró. ¡Eso tampoco es amor!
Están también las mujeres histéricas que andan todo el tiempo mostrándose y tratando de que los hombres las vean. Esta clase de mujeres necesitan de la mirada del hombre que les gusta. No importa lo que él haya hecho, ellas necesitan que las vuelvan a mirar, y una vez que las miró, lo descartan y comienzan a buscar la mirada de otro hombre.

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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