Se ha dicho que la presión aplicada en el cuerpo de una mujer durante el parto podría matar a un hombre. Aparentemente, la presión es tan pesada que el cuerpo de un hombre no podría soportarla. Este fenómeno nos deja ver un nuevo significado en el versículo, «Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien» (Salmo 139:14). Cuando Dios creó a la mujer para que fuera capaz de tener un bebé hasta su término, y de parir a ese bebé, Él le dio capacidades extraordinarias. El la hizo de tal manera que ella pudiera ser aquello para lo cual había sido diseñada. La mujer fue diseñada para ser capaz de gestar—concebir, llevar un bebé hasta su término, y traer esta nueva vida al mundo. Ahora, como veremos, el diseño de Dios para la mujer como dadora de vida, va más allá de sus habilidades físicas. Impregna toda su formación como mujer. Por lo tanto, el tercer aspecto de la función de dominio de la mujer, es que ella fue hecha para concebir, desarrollar, y dar nueva vida o «incubar» lo que ella recibe dentro de ella misma.

El Nombramiento de la Mujer.

Después de la Caída, pero antes que el hombre y la mujer fueran sacados del Jardín del Edén, el hombre le dio a la mujer un nombre. «Y el hombre le puso por nombre Eva a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientes» (Génesis 3:20). El nombre Eva en el hebreo es Chavvah, y significa «dadora de vida». Es significante que Dios no hizo que el hombre y la mujer salieran del Jardín del Edén antes de que Eva fuera llamada así. Como lo mencionamos anteriormente, su habilidad para parir hijos, su función de dadora de vida, fue parte del diseño original de Dios y no un resultado o consecuencia de la Caída en ninguna manera.

La mujer es esencialmente dadora de vida. A ella le fue dada la habilidad de recibir la semilla del hombre y de reproducir su misma especie. Esta es una capacidad asombrosa. Dios le dio a la mujer una responsabilidad poderosa en el mundo.

La Mujer Enfoca Toda Su Ser en Crear Vida.

Durante su embarazo físico, el cuerpo de la mujer sufre una completa transformación: el tejido de su vientre se hace más grueso para poder crear un medio ambiente a fin de que la nueva vida se pueda desarrollar mientras que está guardada, protegida, segura, y caliente; sus niveles de hormonas cambian para prevenir un posible aborto; la química de su cerebro se altera; sus nutrientes son dirigidos para que vayan primero a su bebé que todavía no ha nacido y en segundo lugar hacia ella; su centro de gravedad cambia para que ella pueda mantener el equilibrio durante el tiempo que comparte su cuerpo con el bebé que todavía no ha nacido, y de esta misma manera, ocurren muchos otros cambios. El embarazo es un proceso asombroso que cambia el objetivo y el esfuerzo de todo el cuerpo de la mujer para enfocarlo en la tarea de desarrollar la nueva vida dentro de su vientre.

La Mujer Es una «Incubadora» por Naturaleza.

Pero la función de dominio de la mujer como dadora de vida no está limitada a llevar o a parir un ser humano. Podríamos llamarla una «incubadora», porque su naturaleza misma refleja su inclinación a desarrollar y a dar nueva vida a las cosas. Este propósito de la mujer no es sorprendente, porque a menudo es una reflexión de lo espiritual en el mundo físico, tal y como Pablo nos dijo en Romanos 1.

Desde que Dios creó la habilidad gestativa de la mujer como una parte integral de su naturaleza, esta habilidad impregna todas las áreas de su vida. Ella tiene un vientre físico, pero también tiene «vientre» emocional, un «vientre» mental y de instinto y un «vientre» espiritual. Ella da vida en todas estas áreas de su formación. Todo acerca de ella es un vientre. Ella recibe cosas dentro de ella misma, las nutre hasta que maduran, y entonces, las regresa en una forma completamente desarrollada. Por ejemplo, un esperma no sirve para nada si no cuenta con el huevo. Un huevo, al unirse con un esperma, es lo que genera la vida humana, y las células resultantes del embrión comienzan a multiplicarse cuando están en el medio ambiente nutricional del vientre. Lo que comenzó como un esperma y un huevo, termina como un bebé humano completamente formado. El feto se ha desarrollado de tal manera que ahora tiene vida en sí mismo. De forma similar, la mujer toma de la gente y del medio ambiente que la rodea—especialmente su esposo, si ella es casada—y crea algo completamente nuevo con aquello que tomó. Muchas mujeres ni siquiera saben que han sido bendecidas con este propósito asombroso.

Extracto del libro “Entendiendo el Propósito y el Poder de la Mujer”

Por Myles Munroe

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