La razón más importante de que la mujer fue creada es para que ella pudiera recibir amor. Por lo tanto, el primer propósito de la mujer como reflectora es que ella fue hecha para ser objeto del amor del hombre y para reflejar el amor que él le da.

Cuando Dios hizo a la mujer, Él la sacó del hombre, para que el hombre pudiera tener a alguien a quien amar y quien fuera de su propia naturaleza. Fue amor lo que hizo posible la existencia de la mujer. De esta manera, el hombre fue creado para ser un dador de amor y la mujer fue creada para ser una receptora de amor. En el último capítulo, vimos como la naturaleza receptora de la mujer hace que ella se haga adaptable para el hombre y para el medio ambiente que la rodea. Pero el primer propósito de la naturaleza receptora de la mujer es recibir amor.

Lo que esto significa es que Dios ha diseñado a la mujer para funcionar en amor. El amor es el combustible de la mujer. Cuando tú no le das combustible a un automóvil, éste deja de funcionar. La misma cosa sucede con una mujer. Si tú no le das el amor que ella debe recibir, ella, de la misma manera, no puede funcionar completamente en la forma para lo que ella fue creada. Para poder sentirse realizada y plena, la mujer necesita amor.

En Efesios 5, Pablo dijo, «Maridos, amad a vuestras mujeres» (v. 25). El expresó este pensamiento tres veces: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella» (v. 25). «Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama» (v. 28). «En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido» (v. 33).

El hombre debería amar a la mujer, porque ella fue sacada de él y es una parte de él. Si él no la ama, esto es el equivalente a que el hombre se odiara a sí mismo (v. 29). Él se está tratando bien a él mismo cuando él está tratando bien a su esposa. La función del hombre, entonces, es amar a su esposa como a sí mismo, con todos los atributos del amor que se encuentran en 1º Corintios 13:4-8. Cuando tú le das amor a la mujer, ella viene a la vida. Pero cuando ella recibe cualquier otra cosa que no es amor genuino, es como si hiciera un corto circuito. Cuando tú no amas a una mujer, tú estás abusando de su misma naturaleza.

Es interesante notar que en ningún lado en la Biblia, Dios le dice a la mujer que ame al hombre. A la mujer se le indica y se le instruye a que se someta al hombre, que lo respete y que lo honre. Pero Dios le ordena al hombre una y otra vez que ame a la mujer. ¿Por qué? Es porque la Caída dañó el amor natural que Dios le había dado al hombre por la mujer, de tal manera, que el hombre quiere gobernar a la mujer en lugar de amarla como a sí mismo. Esta es la razón porque, a medida que el hombre es restaurado al diseño original de Dios por medio de la redención en Cristo Jesús, él necesita ser instruido para amar a la mujer. Por la misma razón, el respeto natural que Dios le dio a la mujer para el hombre fue destruido, y, por eso, es que ella necesita ser instruida para que ella pueda llegar a respetar al hombre. Entonces, cuando los propósitos de Dios son restaurados, la paz se restablece entre los hombres y las mujeres; sin embargo, cuando se permite que la naturaleza caída tenga libertad y reine, ahí va a haber discordia.

Así que la mujer fue hecha primeramente para ser amada por el hombre. Cuando Pablo dijo, «Maridos, amad a vuestras mujeres», él estaba diciendo, de hecho, «Marido, sobre todo, ama a tu esposa». No te preocupes de otras cosas antes de ésta, porque tú puedes encargarte de las otras cosas en forma natural. Si tú la amas, tú vas a poder resolver muchos otros problemas existentes y problemas potenciales en tu matrimonio. Cuando tú le das el amor que ella necesita, ella va a funcionar adecuadamente, porque ella nació para ser amada».

La mujer va a reflejar el amor o la falta de amor que recibe. Cuando ella es amada, ella es más capaz de vivir una vida de gozo y de paz, aun en medio de circunstancias difíciles. Cuando ella no está siendo amada, es como si existiera un peso en su corazón. Cualquier hombre que viola la necesidad de la mujer de tener cariño, está mal usando y abusando del propósito de Dios para la mujer. «Maridos, amad a vuestras mujeres y no seas ásperos con ellas» (Colosenses 3:19).

Extracto del libro “Entendiendo el Propósito y el Poder de la Mujer”

Por Myles Munroe

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