Mujer: ¡No dependas de la opinión de los demás! No idealices a la gente, ni siquiera a aquellos que creas que nunca te defraudarían. No te conocen totalmente ni tú a ellos. Son personas, como tú, con los mismos aciertos y errores. No te pongas por debajo, no te corresponde ese lugar.

No actúes y vivas buscando cubrir las expectativas de los otros para sentirte mejor. La búsqueda de aprobación hace que funcionemos en círculos almáticos. Cuando ponemos en juego el alma, actuamos con las emociones. El alma es la mente, la voluntad y las emociones. Es decir, si nos relacionamos almáticamente con los demás, dejamos de conectarnos espiritualmente y los vínculos que el alma hace son pegoteados.

¿Cuántas veces te desesperaste porque él no te llamaba? ¿Cuántas veces sentiste que no aguantabas estar lejos de él? También te puede pasar con una amiga o con compañeros de trabajo. Te aferraste buscando agradar, pero como el otro no te respondió como querías (no te aprobó), te pusiste mal.

Quiero decirte que si estás esperando que el otro haga algo por ti, te estás envolviendo en una relación almática. Los vínculos almáticos intensos siempre terminan mal, porque ésta es una relación en la cual no hay libertad. Hay uno que controla y otro que es controlado y, en medio de ese pegoteo, terminarán ambos asfixiándose.

Las mujeres necesitamos ampliar nuestro círculo de relaciones. ¡Extiende tu círculo, tus contactos; siempre favorece que haya algo nuevo! Muestra la mujer que eres, con virtudes y errores, desafiando la sabiduría convencional de tus generaciones anteriores. Rompe con los patrones que otros te enseñaron; sé creativa.

Si él lo dice…

Las mujeres, permanentemente, buscamos el reconocimiento de un varón. Si lo dice un varón está bien, pero si lo dice una mujer no le hacemos caso. Todas en algún momento hemos buscado ese reconocimiento. Culturalmente, se nos ha enseñado a hacerlo. Sin embargo, esto no es bueno ni saludable para nadie.

Mujeres que viven tratando de agradar a los hombres, madres desesperadas por querer agradar a sus hijos varones (generalmente la mujer fantasea que en caso de separarse o quedar viuda, el hijo varón la sostendrá, dándole fuerzas o dinero). Por años, nuestro propio reconocimiento dependió de lo que ellos nos decían, pero hoy es tiempo deponerle punto final a esta creencia errónea y lastimosa.

¿Pensaste alguna vez que tal vez a un hombre no le guste tener a su lado a una mujer que no se valora a sí misma?

¡Tienes fuerza, potencial y capacidad para ensancharte, para extenderte! Ningún hombre quiere llevar la carga de decirle a su mujer cómo son las cosas para que, sobre la base de eso, ella se mueva. Por eso, no busques su aprobación: no la necesitas.

El otro no espera que seas perfecta.

Autorreconócete, aprende a reconocerte y a felicitarte. La primera felicitación que recibas por un éxito o un logro que hayas alcanzado debe ser la tuya. No te fijes a ver quién te dice algo. Felicítate tú primero. Pareciera que estamos buscando la crítica de los otros, que sean los otros quienes encuentren una falla o un error en lo que hicimos y, cuando lo hacen, nos sentimos mal, solas y desvalorizadas. Sin embargo, piensa: ¿No fuiste tú quien buscó la opinión de los demás y les diste lugar a esa crítica que hoy te deprime?

¿Pero acaso no es lo que querías? Nos quejamos de lo que nosotras mismas provocamos.

Si eres la primera en criticarte, abres la puerta para que otros lo hagan. Por el contrario, tienes que ser la primera en felicitarte, en motivarte, si no, nadie lo hará. Si te felicitas y te dices a ti misma «¡qué bien que me salió esto!», ya te aprobaste a ti misma.

Lo importante es que, en primer lugar, reconozcas que hiciste las cosas bien. La primera felicitación tiene que salir de tu boca. Cuando sientas confianza en ti misma, podrás hacer todo lo que te dicte el corazón sin necesidad de que el otro te apruebe.

El que te descalifica y te desaprueba no sabe ni de dónde vienes ni adónde vas, pero si tú lo sabes y lo tienes en claro, no te afectará lo que digan. Comienza a mirarte a ti misma, cuentas con tu persona, no estás sola, estás ciento por ciento acompañada. Tenemos que enamoramos de nosotras mismas, volver a descubrir nos. ¡Enamórate de ti misma, mujer!

Extracto del libro Estoy Casada Pero Me Siento Sola

Por Alejandra Stamateas

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