Continuemos.

Cada vez que pienses que algo se está muriendo en tu vida, tenés que usar una fe radical. Esta mujer pensó: «Ya está muerto, así que lo que me queda es tener una fe profunda para que pase algo». ¿Alguna vez dijiste: «Perdido por perdido… ¡me la juego!»? Eso es lo que tenés que hacer cuando las cosas se ponen difíciles en tu vida: jugarte toda la fe y decir «¡Esto recién comienza!». La esperanza no te va a avergonzar. ¡Jugate toda tu fe en que Dios te va a traer la mejor victoria!

2. Activar la Intuición Espiritual.

La intuición es una inteligencia que tenemos todos los seres humanos y se pone de manifiesto cuando de pronto podés resolver un problema usando una inteligencia que no sabías que tenías. La intuición es información que fuiste acumulado a lo largo de tu vida, y cuando viene determinada situación la traés a tu mente y resolvés el problema. Frente a circunstancias complicadas tenés que lograr usar tu intuición espiritual. Para hacerlo, tenés que irte atrás en tu vida, tenés que recorrer la historias de amor que tenés con Dios, tenés que recordar todas las bendiciones y los milagros que el Señor hizo en algún momento de tu vida con tus hijos, con tu familia, con tus finanzas, con tu salud, y entonces sabés que si Dios lo hizo antes, también lo va a volver a hacer ahora.

Tener intuición espiritual es decir: «Si Dios estuvo en mi pasado, Él va a estar en mi futuro. Es por esta razón que a Dios le importa tanto que tengamos recursos de bendición archivados en nuestra mente espiritual, porque Su carácter no cambia, y Su carácter es bendecirnos. ¡Si lo hizo una vez, Él lo hará nuevamente!

En la historia de la mujer a la que se le había muerto su hijo hubo una cadena de recuerdos espirituales. Al momento de morir, el niño estaba en el campo, con su papá. Cuando vio caer muerto a su hijo, este hombre pensó: «Yo he visto a mi esposa tener fe. Esto le corresponde a ella», y rápidamente le pidió a sus sirvientes que le llevaran el niño a su esposa. El hombre tenía en su archivo mental todas las situaciones en que su esposa había usado exitosamente su fe. Por su parte, la madre del niño tenía en su archivo espiritual el recuerdo de todos los milagros que el profeta le había narrado, por lo que decidió ir a buscar a Eliseo. Cuando el profeta llegó, tomó al niño, lo puso delante de Dios y le oró al Señor. Eliseo recordaba que Dios era un Dios de milagros que podía resucitar muertos, y ciertamente, el Señor resucitó al niño muerto. Todos en esta historia fueron a su archivo espiritual y en el archivo espiritual y encontraron más bendición, más presencia de Dios.

Otra historia bíblica narra que Lázaro había muerto y María y Marta estaban terriblemente angustiadas. Estas mujeres habían perdido toda su esperanza, pero vino Jesús y les dijo algo extraño: «Muéstrenme dónde lo enterraron». Lo que el Señor les estaba diciendo era: «Muéstrenme dónde perdieron la fe, en qué momento pensaron que todo había terminado, dónde enterraron su esperanza». ¿Dónde enterraste vos tu fe, tu esperanza de sanarte, de ver a tu familia restaurada, de recuperar tus finanzas?, ¿en qué momento alguien te hizo perder la esperanza y enterrar ese sueño? Cuando Jesús llegó donde estaba enterrado Lázaro, dijo: «Muevan la piedra del lugar, porque por esa piedra estas mujeres no pueden creer en el milagro». ¿Cuál es la piedra que pusiste en tu mente y que te hizo cerrarte a todo, dejar de creer en vos mismo, en los demás y en Dios? Apenas hubieron corrido la piedra que les impedía creer, Marta y María vieron el milagro que las estaba esperando.

David era un hombre que sabía lo que era la esperanza. Él era el hijo menor de una familia y era considerado el más débil. Nadie lo consideraba para nada y lo mantenían alejado de todas las situaciones y problemas. ¿Alguna vez te dijeron: «No te involucres en esto, sos demasiado débil, no te da la cabeza, no tenés estudio, no entendés nada»? Esto era lo que le pasaba a David. Sin embargo, él no esperó a que llegara su momento, no dijo: «Algún día se van a dar cuenta de quién soy». En el lugar donde estaba, el se dedicó a creer. Eso mismo es lo que nosotros tenemos que hacer: allí donde hoy estamos tenemos que creer para recuperar la esperanza.

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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