quiero-decir-cosas-pero-me-las-guardoMujeres Cristianas – Quiero Decir Cosas Pero me las Guardo 2

 

Continuemos.

Si en cambio te comunicás de igual a igual, lo hacés naturalmente. Supongamos que tenés que hablar con el presidente de una empresa multinacional. Este hombre tiene un alto rango, una jerarquía mucho mayor a la tuya si hablamos de conocimientos empresariales; sin embargo, aun así podrías hablarle de igual a igual como ser humano porque tenés tus propias ideas, conceptos y creatividad. Con esto quiero decirte que cuando te juntes con cualquier persona en la vida, tenga el rango que tenga, tenés que saber que vos también tenés valor y derecho a expresar tu opinión. Cuando dialogues no sientas que te están tomando examen sino que estás manteniendo una conversación en la que ambos comparten y reciben algo.

El otro no es superior a vos y si te agrede verbalmente, te podés defender porque tenés recursos. ¡Dejá la sumisión como forma de comunicación y empezá a hablar de igual a igual! Esto no quiere decir que le faltes el respeto al otro ya que, en este caso, estarías experimentando un problema de baja estima. Si al hablar con alguien tenés que gritar, retar o mandonearlo es porque tu estima está dañada. Cada vez que te comuniques con alguien, aunque sea la persona más importante que hayas conocido, tu hablar tiene que ser natural. Cada vez que sientas que no estás a la altura de la otra persona vas a caer en el juego del sometimiento: «Me someto al otro que sabe más», «me someto al otro que habla mejor» o «me someto al otro que tiene más dinero». ¡Nunca te sometas para que el otro no se enoje!

La Biblia dice: «De la abundancia del corazón habla la boca». Si dentro de vos hay aprecio por vos misma, te perdonás y trabajás para quitarte las culpas, entonces vas a tener un hablar sabio. Al no tener miedo vas a hablar con cualquier persona de manera natural y te vas a sentir cómoda porque sabés que podés fluir. En esa conversación ambos estarán aportando algo y lo harán de igual a igual porque todos somos seres humanos hechos a imagen de Dios.

 

Entonces, ¿Cómo Tengo Que Hablar?

Tu hablar tiene que ser estratégico. Tenés que hablar como Dios. En el libro de Génesis, el Señor siempre utilizó la palabra que salió de Su boca para crear y eso es lo que te tiene que pasar a vos. Tenés que usar tus palabras para crear algo que no existe, algo que no está pasando en tu familia, en tu vida económica o en tu pareja. Aprendé a ser estratégica y usar la palabra para crear algo.

Pensá: «¿Qué estás creando con tu boca cada vez que hablás?». Es importante que lo sepas porque a veces uno está tan acostumbrado a hablar de cierta manera que no le presta atención. Por ejemplo, podés crear discordia, desconfianza en el otro, enemistad, culpa o inseguridad. Cuando hablás con tu pareja, ¿estás creando alegría, gozo y prosperidad?

Cuando hablás con tus hijos, ¿estás creando perdón en ellos? Hay madres que le hablan mal a un hijo del otro y los hacen pelear entre ellos, creando discordia y desunión. Otras madres descalifican a la pareja que eligen sus hijos: «Esa chica es un desastre». Con lo anterior no te estoy pidiendo que hables bien de alguien que es un desastre, sino que seas estratégica y crees con tu boca lo que querés ver.

¿Qué estas creando con tus amistades? Al respecto, Proverbios dice: «El perverso provoca contiendas y el chismoso divide a los buenos amigos».

¿Qué creás cada día para vos y para los demás?

Una mujer extranjera, de origen cananeo, vio pasar a Jesús y le empezó a gritar su necesidad pero Él no le respondió. Los discípulos le dijeron: «Sácatela de encima, porque es una gritona». Dicha mujer utilizó tres estrategias de comunicación. En principio, le gritó a Jesús: «¡Quiero que me hagas el milagro!», pero como Él no hizo nada, su segunda estrategia fue suplicarle. Se le acercó y se arrodilló delante de Él pero tampoco eso conmovió a Jesús porque a Él no le gusta la gente sumisa. La Biblia habla de obediencia pero no de sumisión, no es lo mismo ser obediente que sumiso. Dios no te va a responder cuando te vea en actitud de sumisión sino cuando seas obediente.

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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